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martes, 14 de mayo de 2013

Tu hijo de 4 años y 1 mes (via Baby Center)


"Uno, dos, tres", dice tu hijo al contar sus animalitos de peluche. Y para ahora es probable que comprenda que el número final es de hecho la cantidad de objetos que tiene. Lo que tal vez no comprenda es que, incluso si pones sus animales en otro orden, la cantidad sigue siendo la misma. Sepáralos más y pregúntale cuántos tiene. Podría decir que tiene cuatro animales en vez de tres, ya que ahora ocupan más espacio. 

Los niños pequeños juzgan la cantidad en base a la apariencia. Si una torre de bloques es más alta, creen que tiene más bloques que la torre más pequeña. No captan la idea de que la torre más alta tiene la misma cantidad de bloques, pero esos bloques son más grandes. Esto se debe a que se concentran en cómo se ven las cosas y no en el concepto de cantidad, lo cual es una tarea mental más compleja. 

Los nombres de los niños son muy especiales para ellos. De hecho, el nombre de tu hijo podría ser la primera palabra que aprenda a reconocer y leer. Alrededor de los 4 años, probablemente empiece a mostrar interés también en aprender a escribir su nombre. En algún momento reconocerá ciertas letras que son parte de su nombre, o son "suyas". Ayúdale a practicar escribiendo en un papel su nombre en letras grandes de molde y haciendo que siga los trazos con su dedo o con un lápiz o crayola. 

Tu vida ahora

Es probable que el cumpleaños de tu hijo haya traído unos cuantos (o más de unos cuantos) juguetes nuevos a tu casa. Es hora de una limpieza post-cumpleaños. Revisa los juguetes de tu hijo y ve con cuáles no ha jugado en mucho tiempo. Es más fácil regalar juguetes a escondidas. Si le pides permiso es probable que tu hijo insista en guardar todo, pero a esta edad tal vez no note su desaparición si no se menciona. (Si te preocupa, podrías poner los juguetes que piensan regalar en el desván o en un armario durante más o menos una semana para asegurarte de que no los extrañe antes de deshacerte de ellos para siempre). Las organizaciones de beneficencia, los refugios familiares, las guarderías y los lugares donde venden cosas para recaudar fondos por lo general aceptan con gusto juguetes en buenas condiciones. Y te dará gusto tener menos cosas en casa que ya no se necesitan. 

También es bueno empezar a esconder algunos de los juguetes que decidas guardar y sacarlos periódicamente, en rotación. A un niño que tiene demasiados juguetes a su alrededor le es difícil concentrarse mucho tiempo en alguno. Tener menos juguetes ayuda a crear un sentido de orden, lo cual es calmante para ambos. 

¡Vamos a jugar!

Una excelente actividad para disfrutar con tu pequeño este mes. 

Consejo de otros padres: ¡motívalo!

"Cuando Susana tenía 4 años le dimos una libreta especial para calcomanías para ayudarle a despedirse de nosotros sin llorar al llevarla al preescolar. Funcionó muy bien. Después de dos semanas se despedía de mí con un beso y me veía alejarme sin aferrarse a mí como una lapa". 

lunes, 22 de abril de 2013

6 errores que cometen los padres a la hora de acostar a sus hijos y cómo evitarlos (via BabyCenter)

Escrito para BabyCenter en Español
Aprobado por la Junta de Asesores Médicos de BabyCenter en Español.


Hacer que los niños se duerman y permanezcan dormidos, es una de las tareas más difíciles para los padres. Hasta los papás de los mejores dormilones se enfrentan ocasionalmente con algunas batallas a la hora de acostar a sus hijos. De hecho, hasta un tercio de los niños parecen tener algún tipo de dificultad para dormir bien. 

Nuestros expertos en sueño infantil han identificado seis errores frecuentes que los papás cometen en relación al descanso nocturno de sus niños. Lo bueno es que estos errores se pueden corregir con relativa facilidad. Tanto los expertos como los padres veteranos confirman que con sólo hacer algunos cambios sencillos en la rutina y el ambiente de los niños se pueden prevenir y corregir una gran parte de los problemas de sueño. 

Una vez que alcances tu meta (o sea, cuando tu hijo se duerma a la hora debida y permanezca dormido toda la noche) no sólo tendrás un niño más feliz y descansado, sino también una familia ¡más feliz y descansada! 

Error número 1: Acostar demasiado tarde a los niños

Los niños en edad escolar duermen en general, más de una hora menos cada noche de lo que dormían los niños hace un siglo. Asimismo, los niños de hoy en día, duermen menos de lo que dormían sus padres cuando eran chicos. El resultado, explica Marc Weissbluth, pediatra y autor del libro Healthy Sleep Habits, Happy Child (Hábitos de sueño sanos, niño sano), es más batallas a la hora de dormir, dificultades para dormir las siestas y niños que se desvelan o se despiertan en el medio de la noche. 

Puede que tu hijo no tenga un horario fijo para dormir, o que a ti no te sobre mucho tiempo después del trabajo y lo acuestes más tarde para poder jugar un poco con él. 

"El permitir que los bebés y niños pequeños se acuesten demasiado tarde los fatiga demasiado", dice la trabajadora social Jill Spivack, coautora del libro The Sleepeasy Solution (La solución para un sueño fácil). "Cuando se cansan demasiado, les cuesta más dormirse y permanecer dormidos, y se despiertan más temprano que si los acostáramos a una hora más adecuada", dice. 

Para los niños en edad preescolar y escolar, un exceso de actividades programadas después de clases (deportes, clases de artes, etc.) puede ser la causa de que se acuesten más tarde. 

O puede que retrases la hora de acostar a los niños para evitar los pleitos, o con la esperanza de que estén tan exhaustos que se queden dormidos del cansancio y así duerman hasta más tarde al día siguiente. Pero esto es falso, porque cuando los niños se cansan demasiado, se ponen más inquietos, dice Jodi Mindell, directora adjunta del Centro para el Sueño del Hospital Pediátrico de Filadelfia y coautora, junto con Judith Owens, del libro Take Charge of Your Child's Sleep (Toma el control del sueño de tu hijo). 

  • Una buena costumbre: Impón horarios fijos para ir a la cama (y para las siestas) y obedécelos.
Y no esperes hasta que tu hijo se esté restregando los ojitos, bostezando y lloriqueando, porque a esas alturas probablemente ya estará demasiado cansado y será demasiado tarde. Acuéstalo antes de que esto ocurra. Con 15 ó 20 minutos más de sueño ya se les nota la diferencia. Aunque todos los niños son distintos, la Fundación Nacional del Sueño Estadounidense indica que, por la noche, los bebés y niños pequeños generalmente necesitan 12 horas de sueño, los niños en edad preescolar necesitan hasta 13 horas una vez que dejen de hacer la siesta, y los niños mayores deberían dormir de 10 a 11 horas diarias. Calcula a qué horas se tienen que despertar y acuéstalos a la hora necesaria para que duerman lo suficiente. Averigua cuántas horas de sueño necesita tu niño.

Error número 2: Depender del movimiento

Todos los padres hemos respirado aliviados al ver que nuestro bebé finalmente se dormía en su columpio infantil o en su sillita del auto. Por lo general, esto ocurre cuando menos lo esperamos ¡y más lo necesitamos! Pero algunas mamás y papás caen en la trampa de usar el movimiento como forma de dormir a sus hijitos. "Si el niño siempre duerme con alguna forma de movimiento (en su carreola o asiento del auto) es probable que no esté alcanzando la fase más profunda y restauradora del sueño debido al estímulo provocado por el movimiento", dice Weissbluth. Él compara el sueño inducido por el movimiento al mismo tipo de sueño que experimentan los adultos cuando viajan en avión.
  • Una buena costumbre: Usa el movimiento para calmar y no para dormir al bebé.
Antes de que te desesperes pensando que vas a tener que deshacerte del columpio musical de tu bebé, escucha este consejo de Weissbluth: Está bien que usemos el movimiento para tranquilizar a un niño que está irritable, pero una vez que se ha dormido, apaga el vibrador del columpio o estaciona la carreola. "El bebé dormirá un sueño de mejor calidad", asegura Weissbluth. No te sientas culpable, sin embargo, si durante un paseo en automóvil tu pequeño decide hacer la siesta. Déjale que disfrute su descanso y tú aprovecha esos momentos de silencio.

Error número 3: Demasiados estímulos en la cuna

En primer lugar, por favor quita ese móvil de colores de la cuna de tu bebé. Ese móvil tan entretenido (con sus muñequitos giratorios, sonidos y luces) puede distraerlo demasiado. Y si un niñito mayor tiene demasiados juguetes en su cama o cualquier otra clase de distracciones, puede que no esté logrando dormir lo suficiente.
  • Una buena costumbre: Oscurece el cuarto y disminuye los ruidos a la hora de la siesta y por la noche.
Para que duerman al máximo, acuesta a los bebés y niños pequeños (que todavía son demasiado pequeños como para haber desarrollado miedos nocturnos) en cuartos casi completamente oscuros. Y si hay ruido en una sala vecina, prende un ventilador o una máquina de ruido blanco (hace sonidos como de interferencia en un televisor). Para los niños mayores puedes dejar prendida una lucecita nocturna si tienen miedo a la oscuridad, pero no les permitas ninguna forma de entretenimiento en la cama. Piénsalo bien antes de instalar una televisión o computadora en el cuarto de tus hijos. Hasta los niños que se quedan dormidos mirando su DVD favorito están perdiendo probablemente cerca de media hora de valioso sueño, y esto podría afectar su humor y comportamiento a la mañana siguiente. Además, es mucho más fácil no tener aparatos electrónicos en la habitación de tu hijito que negociar todas las noches cuánto tiempo puede ver la tele. Averigua qué puedes hacer para consolar a tu niño cuando tiene pesadillas.

Error número 4: Saltarse la rutina nocturna

Puede que pienses que con un bebé pequeño no hace falta seguir una rutina nocturna antes de acostarlo, como bañarlo, leerle un cuento y cantarle una canción de cuna. Sin embargo, esta serie de actividades tranquilas y agradables antes de apagar las luces es muy importante porque preparan a tu hijito para dormirse. A veces los padres de los niñitos mayores abandonan sus antiguas rutinas nocturnas por creer erróneamente que su niño está demasiado grande para eso, o porque ellos mismos están demasiado cansados para hacerlo. Pero la verdad es que hasta los adultos se benefician cuando se acostumbran a seguir una rutina que los ayuda a calmarse y relajarse por las noches. "No se puede esperar que un niño que ha tenido un día ajetreado, simplemente apague las luces y se duerma", dice Mindell. Además, agrega, según los estudios "está claro que los niños en edad escolar que no tienen una rutina nocturna no obtienen las horas de sueño que necesitan".
  • Una buena costumbre: Crea un ritual tranquilo.
No importa la edad de tu niño, lo importante es seguir una serie de pasos predecibles que le ayuden a relajarse al final del día. Para un bebé, la rutina podría ser simplemente cambiarle el pañal, ponerle el pijama y arrullarlo un ratito; con un niñito más grande, la rutina podría incluir un baño, leer un cuento, cantar una canción o rezar. El ritual ideal para ti será el que tú elijas: "Lo que importa es hacerlo con constancia, en el mismo lugar, en el mismo orden y más o menos a la misma hora todas las noches", aclara Spivack.

Error número 5: Falta de constancia

Un par de veces a la semana, en los días en que tu niño pequeño está más tremendo, te acuestas a su lado en su cama hasta que se queda dormido. O tal vez hagas que se duerma en su cama, pero le permites que se meta en la tuya en el medio de la noche. El problema no está en el método de dormirlo, sino en la falta de constancia para ponerlo en práctica. A algunos padres no les molesta compartir la cama con sus hijos, pero otros terminan con una "cama familiar" en contra de su voluntad. Quizás las dos primeras veces que el niño se levanta por la noche, los padres lo vuelven a acostar en su camita, pero cuando se vuelve a meter a las 3 de la mañana están demasiado cansados para levantarse de nuevo y le permiten quedarse. Esta situación crea el llamado "refuerzo intermitente". O sea, le enseña al niño a seguir persistiendo, ya que aprende que tarde o temprano conseguirá lo que quiere.
  • Una buena costumbre: Determina dónde puede o no dormirse.
Aunque es mucho mejor decidir de antemano si vas a permitir o no que tus niños compartan tu cama, nunca es demasiado tarde para establecer normas. Si tu hijo de 3 años empieza a levantarse en mitad de la noche y a meterse en tu cama, explícale claramente las normas, y llévalo tranquilamente de vuelta a su cama. Claro que hay algunas excepciones. Si está enfermo o le asustan los ruidos de una tormenta, reconfórtalo quedándote un rato con él en su cama o incluso durmiendo en su cuarto. Pero regresa a tu rutina normal en cuanto tu pequeño se sienta mejor o se termine la tormenta. Por supuesto que, una vez que tu niñito ha disfrutado de la comodidad de dormir con mamá y papá, protestará cuando tenga que regresar a su propia cama. En ese caso, Mindell recomienda que vayas eliminando tu presencia poco a poco. Las primeras dos o tres noches puedes, por ejemplo, esperar cerca de la puerta del cuarto del niño hasta que se duerma, en lugar de exigirle que a partir del día siguiente tiene que volver a dormirse solito.

Error número 6: Pasarlo de la cuna a una cama demasiado temprano

Cuando tu pequeño cumple 2 añitos, quizás quieres celebrarlo comprándole esa camita de niño mayor que viste el otro día en oferta. Pero en cuanto lo cambias de su antigua cuna a su nueva cama en forma de coche deportivo, empieza a levantarse en cuanto apagas la luz o a caminar por la casa en el medio de la noche. ¿Qué ha pasado? Antes de cumplir 3 años, muchos niños aún no están listos para abandonar sus cunitas. "No tienen el desarrollo cognitivo ni el nivel de autocontrol necesarios para mantenerse dentro de las barreras imaginarias de una cama", explica Mindell. O sea, su cuna tiene límites visibles en la forma de barandillas, pero para que un niño pequeño entienda que tiene que permanecer "dentro" de una cama, tiene que ser capaz de entender claramente que los bordes de la cama representan las "barreras" que no debe de traspasar.
  • Un buen consejo: Espera a que tu niño esté listo para pasarlo a una cama grande.


Cuando tenga casi 3 años de edad, puede ser que tu hijito esté listo para reemplazar su cunita por una cama grande. Fíjate que decimos puede ser que esté listo: O sea, si aunque tiene 3 años aún le cuesta permanecer en la nueva cama, vuelve a intentarlo más adelante. 

Así como a veces hay que volver a ponerle pañales a un niñito después de varias intentos frustrados de enseñarle a ir al baño por su cuenta, si tu hijito tiene que volver a dormir en la cuna eso no significa que has fallado. "Si el cambio no da resultado, no hay ningún problema en volver atrás", dice Mindell. Con el tiempo, tu niñito logrará dormir en una cama grande y hasta puede que te lo pida. Aunque podría tardar un poco, ningún niñito querrá seguir durmiendo en su cuna para siempre. 

martes, 26 de marzo de 2013

Niños mexicanos duermen menos (via azteca noticias)


Un estudio de la Universidad Autónoma Metropolitana reveló que losniños mexicanos duermen entre 7 y 9 horas, mientras que en otros países europeos los menores duermen entre 10 y 11 horas.

De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, un niño en edad preescolar necesita dormir entre 11 y 13 horas diarias -incluyendo la siesta- mientras que un infante en edad escolar requiere hasta 12 horas.

Conforme los niños van creciendo, las horas de sueño se modifican y requieren de menos horas.

Yoaly Arana Lechuga, investigadora de la Clínica de Trastornos del Sueño, de laUAM Iztapalapa y autora del estudio, señaló que el hecho de que los pequeños no descansen lo suficiente puede influir en su crecimiento, desarrollo cognitivo, salud mental y en los niveles de obesidad infantil.

"Se ha observado que los niños que duermen menos son más bajitos y se ha comprobado, en adultos, que mientras menos horas duermen el índice de masa corporal aumenta", agregó la autora del estudio.

"Los niños que no duermen adecuadamente se muestran irritables y, paradójicamente, se les puede ver con más energía, es decir, hiperactivos" señaló la investigadora.

“Un niño que no duerme bien tiene problemas para mantener la atención, y mucha dificultad para memorizar cosas, será agresivo, no se puede mantener quieto, va a iniciar una tarea y no la va a terminar, puede pegar, insultar y ser poco tolerante a la frustración".

Una manera para identificar la falta de sueño en los pequeños, es que ronque o que estén hasta altas horas de la noche con videojuegos, televisión, computadora, tomando leche con chocolate, refrescos de cola o haciendo ejercicio antes de dormir.

La experta explicó que la falta de sueño tiene repercusiones importantes en la calidad de vida, pues hay menos productividad, existe mayor ausentismo o más accidentes tanto automovilísticos como laborales, advirtió.

lunes, 28 de enero de 2013

11 pasos para enseñarle a tu niño a ir al baño (via babycenter)

11 pasos para enseñarle a tu niño o niña a ir al baño



Revisado por el Dr. Alberto Gedissman

Una de las etapas del desarrollo de los niños que los padres suelen esperar con ansiedad es el momento de quitarles el pañal. Después de haber cambiado cerca de dos mil pañales al año (calcula unos 6 al día), seguramente estás deseando que tu pequeño empiece a ir al baño solito. 

Algunos niños aprenden en pocos días, pero muchos otros tardan varios meses. En general, cuanto más pequeño es el niño al empezar el entrenamiento, más tarda en aprender. 

Será más fácil enseñarle a tu hijo con éxito si conoces los pasos básicos del entrenamiento, y logras transmitírselos con claridad a tu niño. 

Primer paso: Identifica las señales de que tu niño está listo

Algunos niños están listos para empezar el proceso de retirada del pañal a los 18 meses de edad, pero hay otros que no demuestran el más mínimo interés hasta que tienen 3 años o más. 

En Estados Unidos, la mayoría de los padres empiezan a entrenar a sus hijos cuando tienen alrededor de 2 años y medio, pero en muchos países latinos se solía empezar más temprano, sobre todo en generaciones anteriores, cuando los pañales se tenían que lavar a mano (¡y hasta hervir!) en casa. O sea que no te sorprendas si tu madre o tu suegra insisten en decirte que les quitaron los pañales a sus hijos antes de que cumplieran un año. Es posible que lo hayan hecho, pero quizás dedicaban una buena parte de su tiempo a limpiar "accidentes". 

Lo importante es observar si tu hijo empieza a mostrar ciertas señales de que ya está listo para aprender a ir al baño solito. Algunas preguntas que puedes hacerte para ver si está listo son: ¿obedece instrucciones sencillas?, ¿camina y se sienta solo?, ¿trata de imitar a los adultos o hermanitos cuando van al baño?, ¿puede subirse y bajarse los calzones? 

Recuerda también que algo que te haya ido muy bien con tu primer hijo podría no funcionar con el segundo. Lo bueno es que los hijos que vienen después suelen aprender con mayor rapidez que los primogénitos, aunque los varoncitos suelen tardar más que las niñas. 

Piensa también en otros factores aparte del nivel de desarrollo y preparación de tu hijo. Si en este momento tu pequeño está pasando por un gran cambio en su vida, como ir a una nueva escuela o guardería, o la llegada de un hermanito, es muy probable que el proceso de retirada del pañal se vuelva más difícil, y lo ideal sería postergarlo hasta que la situación se estabilice. 

Tampoco tiene sentido empezar a enseñar a tu niño en un momento en que tú no puedas dedicarle el tiempo, la paciencia y el buen humor necesarios. Si estás ocupadísima renovando la casa, o sufres náuseas debido a un nuevo embarazo, éste seguramente no es el momento de quitarle el pañal a tu hijo. Lo mejor es esperar un par de semanas, o meses, hasta que las cosas estén más tranquilas. 

Si la presión para enseñarle a ir al baño viene de parte de tu mamá u otro familiar con buenas intenciones, explícales con delicadeza los motivos por los que piensas que ni tú ni tu niño están listos aún, y diles que prefieres esperar para poder hacerlo con tranquilidad. 

Igualmente, si estás fuera de tu entorno habitual, de vacaciones o pasando una temporada en casa de un familiar, lo mejor es esperar. Los inevitables accidentes pueden causar tensiones en casa ajena y tu hijo se sentirá menos cómodo que en su propio hogar. 

Segundo paso: Compra el equipo necesario

Invierte en un buen orinal (bacinica) o en un asiento especial que se acopla al inodoro de tu baño. Puedes pedirle a tu pequeño que te ayude a escoger el orinal. Cuando lo lleves a casa, escribe en él su nombre y déjalo que lo decore con pegatinas o que juegue con él. 

Si tienes un varón busca un orinal sin concha protectora para la orina o que traiga una que se pueda quitar. Aunque las conchas protectoras ayudan a evitar que al varoncito se le escape algún chorrito fuera del orinal, tienen el inconveniente de que los niños a menudo se golpean o arañan el pene al sentarse y levantarse, lo cual puede quitarles las ganas de usar el orinal. 

Si compras un asiento adaptador para el inodoro, compra también un banquito para que tu niño pueda apoyar los pies y subir y bajar del inodoro con facilidad. También le ayudará a tener firmeza y estabilidad, y a pujar al evacuar. 

Tercer paso: Crea una rutina para tu niño

Para empezar, haz que tu niño se siente completamente vestido en su orinal una vez al día, después de desayunar, antes de bañarse o cuando normalmente suele hacer popó o pipí. Así se irá acostumbrando al orinal y empezará a aceptarlo como parte de su rutina diaria. 

Pon el orinal en un lugar accesible y conveniente. Como es portátil, puedes llevarlo al jardín o al cuarto donde suele jugar el niño. 

Si no se quiere sentar, no te preocupes. No debes forzarlo, ni obligarle a permanecer sentado. Y, sobre todo, no insistas demasiado si lo notas aprensivo. Si esto ocurre, lo mejor es guardar su orinal o por lo menos dejarlo a un lado por algunas semanas o un mes, y luego volver a intentarlo. 

Cuarto paso: Dile adiós al pañal

Una vez que tu niño ya esté plenamente acostumbrado a sentarse vestido en su orinal, el siguiente paso es lograr que lo haga sin el pañal. 

Ésta es la etapa en que empezarás a explicarle que así lo hacen mami y papi (y los hermanitos que tenga) todos los días. O sea, explícale que cuando ya eres mayor te quitas la ropa antes de hacer pipí o popó. 

Si el niño hace algo en el orinal, muy bien, pero no se lo exijas ni insistas demasiado. Recuerda que es importante esperar a que tu niño muestre señales de que está interesado en ir al baño solito. 

Quinto paso: Muéstrale cómo se hace

Los niños aprenden imitando a los adultos, por lo tanto la manera más natural de que aprendan a usar el inodoro es viéndote hacerlo. Si tienes un varoncito, es más fácil que empiece a hacer pipí sentadito, y que más adelante papá le enseñe a hacer pipí de pie. Seguro que no tardará nada en imitarlo. 

Cuando le estés mostrando a tu niño o niña cómo se usa el inodoro, es bueno que le vayas explicando lo que estás haciendo, le enseñes lo que has "producido", y le muestres que al final te limpias, te vistes, tiras de la cadena y te lavas las manos. 

Si hay un hermanito o hermanita mayor que ya sabe usar el baño, él o ella también le pueden hacer una demostración al pequeño. Los niños ponen mucha atención cuando los "maestros" tienen casi la misma edad que ellos. 

Sexto paso: Explícale el proceso

Enséñale a tu hijo la conexión entre el popó y el inodoro. La próxima vez que ensucie el pañal, llévalo a su orinal, siéntalo y luego vacía el pañal en su orinal por debajo de él. Esto le ayudará a asociar el acto de sentarse en el orinal y hacer popó. 

Vacía el contenido de su orinal en el inodoro y permítele que tire de la cadena si quiere (pero no insistas si notas que le da miedo), para que vea adónde va su caquita. Enséñale a vestirse y lavarse las manos al final. 

También puedes comprar o pedir prestado en la biblioteca algún libro o video sobre ir al baño, que le ayude a entender y asimilar todo el proceso. Déjalo en el baño para que pueda verlo cuando se siente en el orinal. 

Séptimo paso: Motívalo a ser independiente

Motiva a tu niño a usar su orinal siempre que tenga ganas de hacerlo. SI necesita ayuda para subir y bajar sus pantalones o ropa interior, asegúrate que sepa que te lo puede pedir a ti, y que tú lo llevarás al baño cuando quiera. 

Si puedes, permítele que de vez en cuando circule por la casa sin pañales y mantén su orinal a la mano. Cuanto más tiempo lo dejes sin pañal, más rápido aprenderá, aunque tú tendrás que estar dispuesta a limpiar algunos charquitos. Dile que puede usar su orinal cuando quiera, y de vez en cuando recuérdale que está ahí para cuando lo necesite. 

A veces los niños no permanecen sentados el tiempo suficiente para lograr relajarse y hacer del baño. Calmadamente, procura motivarlo a que se quede sentado por al menos un minuto. Te será más fácil lograrlo si le haces compañía, hablándole o leyéndole un libro. 

Elogia a tu niño cada vez que haga sus necesidades en el orinal. Así empezará a darse cuenta de que usar correctamente el orinal es un logro. Pero a la vez que es importante halagarlo, procura no exagerar, y evita transformar cada ida al baño en un gran acontecimiento, de lo contrario tu niño empezará a ponerse nervioso o avergonzarse ante tanta atención. 

Octavo paso: Compra pantaloncitos de entrenamiento

Puede que te sirvan de ayuda los pantaloncitos de entrenamiento (son ropa interior infantil con una protección extra absorbente, o pañales desechables que se suben y bajan como la ropa interior), ya que permiten que tu hijo se los quite y se los ponga él solito. 

Aunque los pantaloncitos de entrenamiento de tela son menos convenientes que los desechables, a algunos padres les gustan porque el niño puede sentir de veras cuando hace pipí o popó. Sea cual sea la opción que elijas, introdúcela gradualmente, unas horas cada día, y sigue poniéndole pañales normales por las noches. 

Cuando tu hijo empiece a usar el orinal de forma consistente, puedes pasar a la ropa interior normal. A algunos niños les motiva mucho usar calzones con sus personajes favoritos. 

Noveno paso: Acepta sus “accidentes” con buen humor

No hay niño que domine completamente el arte de ir al baño solito sin antes tener una serie de pequeños "accidentes". Cuando esto ocurra, no debes enojarte con tu niño ni castigarlo; recuerda que hasta hace muy poquito tiempo tu hijito aún no había desarrollado completamente sus músculos, y por lo tanto no tenía el control necesario para lograr contener la orina o las deposiciones. 

Con el tiempo, tu pequeño se volverá muy competente, pero mientras esté aprendiendo, lo mejor que puedes hacer es limpiarlo calmadamente cuando se le escape el pipí o el popó y sugerirle que la próxima vez trate de usar su orinal. 

Décimo paso: Comienza el entrenamiento nocturno

Aunque tu hijo se mantenga limpio y seco durante todo el día, puede que pasen varios meses, o incluso años, hasta que logre controlar sus necesidades durante la noche, o sea que aún no te deshagas de sus pañales. A esta edad, su organismo no ha madurado lo suficiente para lograr despertarlo siempre que necesite hacer pipí. 

Para ayudarle a mantenerse sequito, no le permitas beber demasiado líquido antes de acostarse y recuérdale que si se despierta en el medio de la noche, te puede llamar para que le ayudes a ir al baño. Otra cosa que puedes hacer es colocar su orinal al lado de la cama por si quiere usarlo. 

Una vez que tu niño haya despertado completamente seco cinco noches seguidas, habrá llegado la hora de empezar el entrenamiento nocturno. Cubre el colchón con un plástico o una protección impermeable por debajo de la sábana, y acuesta a tu hijo sin pañales. Si tu pequeño no parece aprender cómo aguantar la noche sequito, vuelve a ponerle pañales por las noches e intenta quitárselos otra vez al cabo de unos meses. 

Onceavo paso: Celébralo, ¡lo has conseguido!

Cuandoi tu niño esté listo para aprender esta nueva habilidad, lo hará con éxito. Y si en lugar de tratar de apresurarlo esperas a que verdaderamente esté preparado, todo el proceso será mucho más fácil y menos latoso, tanto para ti como para tu hijito. 

Tarde o temprano, tu niño aprenderá a ir al baño como los adultos, y tú no tendrás que volver a pensar en este asunto… al menos hasta la llegada del próximo bebé

Cómo convencer a un niño para que haga popó en el excusado? (via Babycenter)


¿Cómo convencer a un niño para que haga popó en el excusado?


Una de las cosas principales que hay que hacer es revisar la consistencia de las heces de tu hijo. La mayoría de los niños que se niegan a evacuar en el excusado (retrete, váter) (defecan en sus pañales, calzones de entrenamiento desechables o pantalones, pero no en el excusado) han tenido problemas de estreñimiento. Asegúrate de que tu hijo tenga heces suaves y formadas. Las heces duras, grandes, o en forma de bolitas muy pequeñas son todas señales de estreñimiento, y la razón más común para retener las heces o negarse a usar el excusado es que el niño ha tenido una o más defecaciones incómodas o con dolor. 

La manera principal de suavizar la consistencia de las heces fecales de un niño es mediante su dieta, haciendo que consuma más fibra y controlando su ingestión de productos lácteos. La forma más fácil de calcular la cantidad de fibra dietética que está comiendo tu hijo es buscar la información nutricional en la etiqueta de sus alimentos. Como regla general, los niños deben consumir a diario el equivalente a su edad más cinco (por ejemplo, un niño de 4 años necesita 9 gramos de fibra todos los días). También es mejor distribuir la fibra de manera equilibrada en las tres comidas principales del día, no consumirla toda al mismo tiempo. 

Puede llevar semanas, a veces incluso meses, para que un niño supere la experiencia de haber defecado con dolor. Aunque oigo todo el tiempo que los niños tienen "accidentes" (hacen popó en su ropa) porque están enojados o resentidos, éste casi nunca es el caso. Tiene "accidentes" porque retiene sus heces dolorosas hasta que ya no puede hacerlo más. 

Una vez que tu hijo esté teniendo rutinariamente heces fecales suaves y formadas, fíjate cuándo las tiene para ver si existe algún patrón. Si sabes que es casi la hora de que haga popó, puedes alentarlo a que se siente en el excusado. 

También recomiendo que tu hijo se siente en el excusado varias veces al día, sin presionarlo para que evacúe. Estas sentadas son más para acostumbrarlo a sentarse en el retrete que para que defeque en él. Está bien hacer que se siente en el excusado unas 12 veces al día sin que haga popó ahí. Tu meta es lograr que se relaje cuando esté sentado en la taza del baño. 

También asegúrate de que pueda poner los pies firmemente en el piso si está sentado en un orinal especial para niños pequeños, o en un banquito si está sentado en el excusado grande. Poder plantar los pies en el suelo significa que puede sentarse en el orinal o en la taza del baño fácilmente, que se siente estable y seguro cuando está sentado y que puede empujar con los pies para darse apalancamiento. Todo esto es importante para que aprenda a ir al baño solo. 

lunes, 24 de diciembre de 2012

¿Cómo hacer que agradezca los regalos que recibe? (via baby center)


Pearl Simmons

Educadora comunitaria
El mejor método es ser un buen ejemplo para él. Cuando recibas un regalo, muestra tu agradecimiento. Si tu hijo te hace un dibujo, dale las gracias y dile lo que te gusta del dibujo. 


Enséñale a decir gracias (y a escribir notas de agradecimiento), y alábalo cuando se muestre educado, en lugar de corregirlo cuando no lo sea. Si recibe un regalo de un pariente y dice gracias, dile cuánto te ha gustado su comportamiento, lo estupendo que es y lo mayor que parece. 



Otra buena manera de ayudar a tu hijo a valorar sus regalos es no darle todo lo que quiere. Es posible que te sientas tentada a darle todo tipo de juguetes y objetos materiales, pero concederle a un niño todos sus caprichos no le dará la felicidad, y a menudo lo que se consigue es que deje de apreciar lo que ya tiene. Así que, cuando tu hijo en edad preescolar celebre un cumpleaños, por ejemplo, dale sólo uno o dos juguetes en lugar de media docena, o bien cómprale juguetes que no sean muy caros. Después de todo, lo que los niños necesitan y valoran más de sus padres es el tiempo que pasan juntos. 



Si tu hijo recibe una paga semanal, déjale ser responsable de comprar los juguetes que le gusten y conseguirás que sea más selectivo a la hora de gastar su propio dinero. Puedes considerar la posibilidad de dar un porcentaje de su dinero a una causa caritativa, lo cual es una manera sutil y eficaz de enseñarle que es más afortunado que muchas otras personas.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Actividades divertidas para fomentar el desarrollo del habla de tu niño (via babycenter)


Si tienes un niño pequeño, es probable que muchas veces no entiendas lo que te quiere decir. Una de las mejores formas para ayudarlo a comunicarse mejor, es escuchándolo. Es importante que converses siempre con él y le hagas preguntas para que así tenga muchas oportunidades de expresarse. 

Los niños aprenden de diferentes maneras, es por eso que aquí te ofrecemos algunas ideas para fomentar el desarrollo del habla de tu niño, de acuerdo a su estilo de aprendizaje. Pero ten en cuenta que tu niño se puede beneficiar de todas las actividades. 

Aprende al escuchar

Habla siempre con tu hijo. Cuéntale esa historia interesante que leíste recientemente en el periódico. También le puedes describir una conversación que tuviste con un colega del trabajo. Cuando vayan al supermercado, explícale lo que estás comprando. 

Es importante que te acostumbres a describirle tus tareas cotidianas. Si estás lavando ropa, por ejemplo, puedes decirle: “Cuando la ropa esté seca, la vamos a doblar y luego la guardaremos en el armario”. 

Tal vez te parezca que tu niño no te está prestando atención. Sin embargo, está asimilando tu vocabulario y la estructura de tus oraciones. Esto le ayudará a conectar las palabras con los conceptos. No te sorprendas cuando esté platicando con su amiguito y repita algo que dijiste en una de tus recientes conversaciones telefónicas. 

Haz preguntas. Es recomendable que le hagas una pregunta amplia a tu niño como “¿Qué hiciste en el parque?”, para que de esa manera te ofrezca varios detalles. Evita hacerle preguntas como “¿Te divertiste en el parque?”, ya que te sólo te responderá con un sí o un no. 

Dale la oportunidad de describir lo que hizo en el parque y escúchalo con entusiasmo por más insignificantes que te parezcan algunos detalles. Aprovecha y disfruta de la conversación de tu pequeño ya que en un abrir y cerrar de ojos, tendrás frente a ti a un adolescente mudo. 

Grábalo cantando una canción o contando un cuento. A tu hijo le encantará escuchar su propia voz cuando sale de un “mágico” aparato electrónico. Además le fascinará cuando lo escuchen otras personas. Guarda esas grabaciones; en unos años tú y tu hijo se divertirán al escucharlas. 

Relean su libro favorito. Intenta, esta vez, hacer una pausa en los puntos importantes para dejar que él termine las oraciones. O cuando le leas la historia, bríncate algunos detalles claves para ver si está poniendo atención. Si al pequeño algo no le suena correcto, es probable que te corrija. 

Aprende al ver

Graba a tu hijo mirando un libro o contando una historia. Para hacer esto aún más divertido, pídele que se disfrace como uno de los personajes del cuento y que actúe una escena. Pon el video y véanlo juntos. Pídele que hable acerca de su actuación. Y no te olvides de elogiar su capacidad de hablar. No le llames la atención si no pronuncia correctamente algunas palabras. El objetivo es que se sienta cómodo hablando frente a otras personas. 

Sugiérele que te describa un video o un show de televisión. A los niños les encanta hablar de cosas que conocen y disfrutan. Una de las maneras más fáciles de entablar una conversación con tu niño, es preguntándole sobre lo que está pasando en su programa de televisión favorito. Programas como Plaza Sésamo y Blue's Clues están diseñados para que los padres participen. 

Pídele a tu hijo que te cuente un cuento usando un libro ilustrado sin palabras. Esta actividad no sólo desarrollará su capacidad de hablar sino que también sentirá que está leyendo, aunque no pueda reconocer ninguna palabra. Un buen libro para esta actividad es Good Night, Gorilla (Buenas noches gorila) de Peggy Rathmann. 

Aprende con el movimiento

Vayan de paseo. Vayan al bosque y lleven una cajita para recolectar tesoros (plumas, piedras curiosas y hojas de colores). Cuando lleguen a casa, pídele a tu hijo que describa “sus tesoros” a la familia: su color, forma y tamaño. También puede explicarles para qué sirve cada objeto. 

Jueguen a “la hora de los cuentos”. Éste, es un juego divertido para toda la familia. Por ejemplo, tú puedes comenzar a narrar una historia (“Había una vez un dragoncito que vivía en una cueva”), y tu niño puede continuar y describir la próxima oración. 

Deja que tu hijo diga lo que quiera en cualquier momento, y si no puede inventar toda una oración completa él solito, ayúdalo haciéndole preguntas como “¿De qué color era el dragón?”, o “¿Tenía hermanos?”. Anota o graba todo lo que diga cada persona. 

Pídele a tu hijo que te cuente una historia simple y escríbela. Puedes ayudarlo haciéndole preguntas acerca de un evento específico, como su fiesta de cumpleaños. Si no incluye detalles importantes o dice algo que no entiendes, pídele que te lo explique. 

Cuando te describa algo, repíteselo de otra manera (“¿Así que todos tus amiguitos vinieron a festejar contigo?”). Así se dará cuenta que puede describir el mismo evento de diferentes formas. 

También le puedes sugerir que haga dibujos que describan la historia. Una vez que termine los dibujos, puedes formar con éstos un pequeño libro. Saca el libro de vez en cuando y pídele a tu niño que te cuente la historia otra vez. 

Obtén en nuestro sitio más ideas sobre actividades y juegos, que puedes hacer con tu pequeño.

lunes, 20 de agosto de 2012

Estrategias de disciplina por edad (via baby center)


Escrito para BabyCenter en Español

Todos hemos visto estas escenas: el niñito malcriado tirándole arena a los demás en el parque; el lloroncito de 3 años que no se calla hasta que sus padres le compran un dulce en el supermercado; la niña que le falta el respeto a su madre gritando "¡porque no quiero!" en el restaurante. 

Y hemos mirado a sus padres con cierto desdén, seguros de que nosotros nos portaríamos de manera muy diferente si nuestros hijos se estuvieran portando de tan espeluznante manera. 

Hasta que nos pasa a nosotros: nuestro niñito tiene un ataque que nos agarra completamente de sorpresa. Y de repente, eres tú esa mamá o papá que no sabe qué hacer frente a tan difícil situación. La verdad es que todos los niños presentan problemas de conducta que ocurrirán en edades diferentes, y será responsabilidad nuestra encontrar la mejor manera de solucionarlos. 

¿Por qué es la disciplina un dilema tan grande? Porque ponerla en práctica es como caminar por una cuerda floja. Por un lado está el peligro de ser demasiado permisivos, porque nadie quiere criar a niños consentidos y tiranos; por el otro, está el miedo de controlarlos excesivamente, porque tampoco queremos ser tan duros que lleguemos a criar a niños miedosos, tímidos y tristes. 

Lo que necesitamos es encontrar un término medio para lograr educar a niños respetuosos, afectuosos y bien portados. 

Primero, las reglas básicas 

Para preparar el escenario y disciplinar a los niños con éxito, éstas son las reglas básicas con las que concuerdan muchos expertos: 

1. Todos tenemos responsabilidades. Hay que enseñar a los niños, desde el principio, que en la familia hay un sistema de apoyo recíproco, por el cual todos se ayudan y colaboran. Hasta una bebé puede "ayudarte" a alzarla, levantando sus bracitos hacia ti. 

2. El respeto tiene que ser mutuo. Una de las quejas más comunes de los padres con relación a sus hijos y viceversa es: "No me estás escuchando". Procura dar un buen ejemplo desde el principio, y cuando tu niñito trate de decirte algo, interrumpe lo que estés haciendo, ponle atención y escúchalo. Así más tarde podrás exigirle el mismo comportamiento. 

3. La clave está en la constancia. ¿Quieres criar a un niño con fortaleza emocional? Sé constante y firme con relación a las normas y tareas. Es preferible insistir en que el niño ayude con una única tarea que no exigirle absolutamente nada. Tu firmeza y constancia le enseñarán a tu hijito que le quieres lo suficiente como para esperar que se comporte responsablemente. 

4. La vida no siempre es justa. Los padres tenemos mucho miedo de decepcionar a nuestros niños, demasiado, dicen muchos expertos. Pero, si los niños nunca pasan por situaciones dolorosas o frustrantes, como al tener que compartir un juguete o esperar su turno, o si nunca sienten tristeza ni desilusión, no tendrán la oportunidad de desarrollar las habilidades psicológicas esenciales para su felicidad. O sea que si tu niño se enfada porque a su hermanito más pequeño le tocó un castigo diferente, por ejemplo, está bien que le digas: "Sé que te parece injusto, y siento que te moleste, pero la vida no siempre es justa". 

Las herramientas: Bebés, niños pequeños y niños mayores 

Atención: Nuestras herramientas no están garantizadas, y ninguna de ellas será perfecta para todos los padres y niños. Pero sí te ofrecerán opciones a la hora de disciplinar a tus hijos, ¿y a qué padre no le gustaría contar con más "armas secretas"? 

Herramienta: Dale amor en abundancia. 
Edad: De recién nacido a 12 meses (¡y mucho más!). 
Cómo funciona: Seguramente te habrás preguntado si tu bebé se está saliendo con la suya cuando vas y lo alzas por la enésima vez. ¿Debes de empezar a imponerle límites? Todavía no, dicen los profesionales. Al responder a las necesidades de tu bebé no lo estás consintiendo ni "malcriando", ya que es imposible consentir o mimar demasiado a un bebé. 

De hecho, el resultado será precisamente lo contrario: al darle a tu bebé todo el amor y atención posibles ahora, le estás ayudando a transformarse en una persona bien equilibrada y comportada. Tu bebé está aprendiendo a confiar en sus padres, y su forma de hacerlo es comprobando que siempre estás presente para responder a sus necesidades. 

Con el tiempo, esa confianza hará que tu hijito se sienta más seguro y menos ansioso, sabiendo que reconoces y atiendes a sus deseos y necesidades. Y cuando más tarde llegue la hora de imponer límites y normas, tu pequeño confiará también en tus decisiones y entenderá que lo quieres aunque tengas que corregirlo. 

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu bebita de 4 meses está llorando, a pesar de que le diste el pecho hace media hora. Tu suegra dice que la dejes llorar. Está equivocada, dicen los expertos. Su llanto es su forma de decirte que necesita algo, aunque no sepas lo que es. Prueba caminar un rato con ella, volverla a amamantar, o mecerla y cantarle una canción. Tu hijita necesita saber que estás ahí para asistirla, aunque lo único que necesite sea una siesta. 

Herramienta: Elimina y sustituye. 
Edad: 6 a 18 meses. 
Cómo funciona: Como todos nosotros, los niños aprenden haciendo. Eso significa que cuando tu niñito tira al suelo su plato de frijoles es porque quiere ver qué va a pasar, y no porque tiene ganas de enojarte o ensuciar el suelo de la cocina. 

Esto no quiere decir que tengas que permitirle hacer todo lo que quiera, o algo que a ti no te guste, y muchísimo menos que juegue con algo peligroso. Cuando eso ocurra, quítale el objeto o lleva a tu niño hacia otro lugar. Ofrécele entonces algo más seguro, que ensucie menos o no sea tan destructivo. Al sustituir el objeto por otra alternativa evitas que se desespere. 

Es importante que le expliques lo que estás haciendo, aunque sea demasiado pequeño para entenderlo del todo. Le estás enseñando la importante lección de que algunos comportamientos son inaceptables y que, cuando sea necesario, tú le cambiarás de actividad. 

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu bebé de 8 meses insiste en morder las cuentas de tu collar favorito. En lugar de permitírselo (ya que podría romper el hilo y atragantarse con una cuenta) o continuar sacándole el collar de las manitas una y otra vez, quítate el collar y guárdalo, explicándole que "el collar de mamá no se puede morder". Dale entonces una mordedera o juguete para morder y dile, "esto sí se puede morder". 

Herramienta: Arreglen juntos el problema. 
Edad: 12 a 24 meses. 
Cómo funciona: Volviendo al ejemplo del plato de frijoles, es importante diferenciar entre un bebé que juega a tirar su comida al suelo y un niñito que lo hace intencionalmente, sabiendo que está ensuciando la cocina para que luego mamá o papá la limpien. 

Ese punto de transición ocurre cuando el niño es capaz de entender que está haciendo algo que no debe de hacer, normalmente alrededor de su primer cumpleaños. Cuando te mira con expresión traviesa y luego tira los frijoles, es hora de reaccionar. Lo que tienes que hacer es empezar a enseñarle el concepto de ser responsable de sus acciones. 

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu hijito ha ensuciado todo el piso bajo su sillita a la hora de comer. Cuando termine, sácalo de la sillita, ponlo en el suelo y pídele que te alcance unos frijoles y te "ayude" a recoger. Háblale sobre lo que están haciendo: "Hemos tirado comida al suelo, o sea que ahora tenemos que limpiar". 

Herramienta: Refuerza lo positivo. 
Edad: 12 meses en adelante. 
Cómo funciona: Este truco es fácil: Cuando tu niñito se esté portando bien, díselo, en lugar de sólo hablarle para llamarle la atención por hacer algo mal. Recompensar el buen comportamiento en lugar de reprochar el malo es un hábito que requiere un poco de práctica, pero a la larga es más eficaz. 

Cómo usar esta herramienta en el cotidiano: Es la hora de la siesta (lo cual a veces se transforma en un momento de disputa con tu niñita). Motívala elogiando hasta el mínimo esfuerzo de su parte: "Qué bueno que has dejado de jugar cuando te lo pedí. Eso significa que tendremos tiempo para leer un cuento. Si te acuestas rapidito, tendremos aún más tiempo y podremos leer dos cuentos". Sigue felicitándola por todo y cualquier cambio positivo en su conducta a la hora de la siesta, y recompensa sus intentos con cuentos o canciones. 

Herramienta: Solicita la ayuda de tu niño. 
Edad: 12 meses a 8 años. 
Cómo funciona: Los estudiosos han descubierto algo que muchos padres todavía no han percibido: los niños llegan al mundo programados para ayudar y cooperar. Todo lo que tenemos que hacer como padres es aprovechar esta tendencia natural. Muchas veces, nosotros los padres no lo notamos porque no esperamos que los niños quieran ayudar. 

Un estudio realizado en 2006 apoya esta idea. Investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolucionaria, en Alemania, descubrieron que, desde los 18 meses, los niños demuestran cualidades altruistas y cooperativas. 

Lo demostraron de una manera muy sencilla: un investigador fingía que le costaba tender una toalla con una pinza o apilar una serie de libros. Cuando al investigador se le caía la pinza o se le desmoronaba la pila de libros, los niñitos corrían y le alcanzaban la pinza o volvían a ordenar los libros. Pero cuando el investigador cometía esos mismos errores sin fingir que le costaba hacerlo, o sea, sin que pareciera necesitar ayuda, los niñitos no se movían. Eso prueba que entendían lo que significa ayudar a los demás. 

Haz que tu niñito participe (aunque lo haga a su manera) en las tareas del hogar, con eso le estás enseñando que en la casa todos cooperan y trabajan juntos. Dependiendo de su edad, puede lavar una verdura, alimentar al perro o separar la ropa que se ha lavado por cada miembro de la casa. Le estarás enseñando a ser un buen ayudante, lo cual es una de las habilidades más importantes en la vida porque los expertos han comprobado que las personas con mayor salud mental son aquéllas que han aprendido a ayudar a los demás. 

Aunque ésta no parezca ser una estrategia disciplinaria, lo comprobarás cuando la empieces a aplicar. Una vez que hayas enseñado a tu hijito a cooperar, esta cualidad te será muy útil porque al delegarle un "trabajo" evitas ciertas situaciones que podrían provocar un berrinche o rabieta. 

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Estás en el supermercado (uno de los escenarios predilectos de los niños para las rabietas). Cuando tu niñito empiece a agitarse, tratando de escapar del carrito de compras, enséñale una caja de cereal y dile: "Tengo que comprar comida, y necesito que me ayudes". Entonces dale la caja de cereal y deja que él la coloque dentro de la canasta. También puedes pedirle que sea tu "buscador" y te ayude a encontrar las comidas y los productos que necesitan. 

Herramienta: Controla su coraje. 
Edad: 12 a 24 meses. 
Cómo funciona: Los niños de 12 a 24 meses son susceptibles a las rabietas porque aún no son capaces de controlar sus emociones, explican los expertos. 

El primer paso que hay que tomar en estas situaciones es permitir que el niño se tranquilice como pueda. Si te permite que lo abraces, mécelo entre tus brazos hasta que se calme. Si cuando lo tocas se enfurece más todavía, dale espacio para que logre calmarse él solito. 

No trates de charlar sobre lo ocurrido hasta que haya pasado su tormenta emocional. Pero una vez que se calme, no dejes de hablar con tu niñito sobre lo que ocurrió, aunque te parezca que todo se ha solucionado. Rebobina la película y vuelve a la escena del crimen. Ésa es la única forma de corregir los errores que se hayan cometido. 

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu niñito se negó a vestirse y se puso como loco, tirando sus juguetes por la habitación. Una vez que se haya calmado, llévalo hacia los juguetes que ha tirado y dile con calma pero con firmeza que es hora de recogerlos. Si la tarea parece ser demasiado grande para él, divídela. Señala algunos juguetes y di, "tú recoges los de ahí y yo recojo los de allá". Quédate con él hasta que haya terminado su parte. 

Si se niega o empieza a tener otra rabieta, el ciclo se repite, pero esta vez espera un poquito más hasta que se calme completamente, y asegúrate que sepa que vas en serio. Vuelve entonces a decirle que recoja los juguetes. 

Herramienta: Háblale en su idioma. 
Edad: 12 a 24 meses. 
Cómo funciona: A veces el secreto para que los niños hagan lo que tienen que hacer o dejen de hacer lo que no deben depende, simplemente, de que nos comuniquemos con ellos de una forma que realmente entiendan. El pediatra Harvey Karp, autor del libro El bebé más feliz del barrio sugiere que los padres vean a su niñito como un "hombrecito prehistórico" y que le hablen como tal. En otras palabras, háblale de forma casi primitiva, de la manera más sencilla posible. 

Karp se refiere a esta estrategia de comunicación como la "regla de la comida rápida" porque te portas básicamente como el cajero en una ventanilla de comida rápida: repites la orden y dices el precio. Usa frases cortas y mucha repetición, gestos y expresividad para mostrarle a tu niño que entiendes perfectamente lo que él quiere o piensa. 

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu hijito le arranca un juguete de las manos a su amiguito. En lugar de sentarlo para un tiempo de castigo o tratar de explicarle por qué lo que hizo está mal (dos estrategias en las que asumes que tu niño ha avanzado lo suficiente en su desarrollo como para comprender lo que ha sucedido), repítele lo que crees que está pensando o sintiendo: "Tú quieres el juguete". 

Al reconocer sus sentimientos, le estás ayudando a tranquilizarse. Y una vez que se haya calmado lo suficiente para poder escucharte, podrás transmitirle tu mensaje disciplinario, aunque en la versión simplificada: "Agarrar, no. Juguete de Pablo". Aunque al principio te parezca raro, verás como sí funciona. 

Herramienta: Obedece sus "no". 
Edad: 12 a 36 meses. 
Cómo funciona: "No" suele ser una de las primeras palabras que aprenden los niños, y casi inmediatamente se transforma en la que más les gusta. Como sabemos los papás, esa negatividad y rechazos constantes se vuelven un poco fastidiosos. Aunque parezca mentira, una de las maneras de prevenir los incansables "no" es procurando tomarlos en serio cuando tu hijito los pronuncie. Al fin y al cabo, todos nosotros tenemos la costumbre de repetir lo que decimos cuando creemos que no nos están escuchando, ¿no es cierto? 

Ejemplo de cómo usar esta herramienta: Tu hijito está corriendo de un lado a otro con el pañal sucio, pero se niega a dejar que lo cambies. Primero pregúntale si quiere que le cambies el pañal, y si te responde que no, dile: "muy bien", y espera unos minutos más. Al cabo de cinco minutos vuelve a preguntárselo, y si otra vez te dice "no", espera un poco más. Seguro que para la tercera vez que se lo preguntes, ya le estará molestando tener el pañal sucio y te responderá que sí. Al darse cuenta que su "no" tiene valor, tu hijito dejará de usarlos a modo de respuesta automática. 

Mini BC: Leer e imprimir la versión resumida de este artículo 
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