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viernes, 5 de abril de 2013

"Mi hermano trató de matarme por honor", dice joven que huyó de su esposo de 60 años (via CNNEspañol)



02:26 PM ET

Por Anna Coren

KABUL, Afganistán (CNN) — Hace frío y llueve en Kabul. Los caminos de terracería repletos de baches se han vuelto un mar de lodo. Conducimos hacia la entrada de un complejo con muros altos. Un soldado armado con un AK-47 monta guardia afuera del edificio. Hemos llegado al refugio de mujeres para reunirnos con Gul Meena, una chica pakistaní de 17 años que podría estar muerta.
Mi equipo y yo entramos en una habitación; la pequeña y frágil Gul Meena estaba sentada en una silla de madera. Conforme entramos en la habitación, su sombría mirada se aleja de las gotas de lluvia que escurren por la ventana y se posa sobre nosotros.
La colorida pañoleta de Gul tiene bordadas unas flores azules, rojas y verdes, y cubre la mayor parte de su rostro. Juega nerviosamente con ella y nos deja ver una sonrisa nerviosa debajo de la tela. Su guardiana, Anisa, trabaja para el refugio que dirige el grupo Mujeres a favor de las Mujeres Afganas; ella toca su cabeza y retira gentilmente la pañoleta. Es entonces cuando vemos las profundas cicatrices que surcan el rostro de Gul.
La vida de miserias y sufrimientos de esta chica pakistaní inició a los 12 años; en vez de ir a la escuela la casaron con un hombre que podría haber sido su abuelo. Ella dice: “Mi familia me dio en matrimonio cuando tenía solo 12 años. Mi esposo tenía 60. Me golpeaba todos los días. Yo lloraba y le rogaba que se detuviera. Pero él seguía golpeándome".
Cuando Gul contó a su familia lo que pasaba, su respuesta la asombró. “Mi familia me golpeaba cuando me quejaba. Me dijeron que pertenecía al hogar de mi esposo, que esa era mi vida”.
Después de cinco años de abusos, Gul Meena conoció a un joven afgano y finalmente reunió el valor para dejar a su esposo en Pakistán. En noviembre de 2012, empacó algunas pertenencias y cruzaron la frontera hacia la ciudad de Jalalabad, Afganistán.
La huida a Pakistán
Gul sabía que estaba cometiendo un crimen supremo, según las estrictas costumbres islámicas, huir con otro hombre, pero también sabía que no quería seguir viviendo la vida que llevaba desde que se casó.
“Traté de suicidarme varias veces con veneno, pero no funcionó. Odiaba mi vida y tenía que escapar. Cuando huí sabía que sería peligroso. Sabía que mi esposo y mi familia me buscarían pero nunca pensé que pasaría esto. Pensé que mi futuro sería brillante”, relata.
Días más tarde, su hermano mayor los encontró. Armado con un hacha, mató a golpes al amigo de Gul Meena y luego golpeó 15 veces a su hermana, hirió su rostro, su cabeza y algunas partes de su cuerpo.
Gul Meena me muestra esas cicatrices: se quita la pañoleta y recorre su piel recién curada suavemente con su dedo. Toca su cabeza en el lugar en donde el hacha la golpeó y me muestra los profundos cortes que sufrió en la nuca y en los brazos. Me queda claro que trató desesperadamente de defenderse de su hermano antes de quedar inconsciente.
Su hermano asumió que estaba muerta y escapó de vuelta a Pakistán. Las autoridades aún no lo capturan, pero su familia niega que haya tratado de matar a Gul.
"Es un milagro"
Cuando escuchó el alboroto, un transeúnte entró y encontró a Meena en su cama sobre un charco de sangre; la llevó a toda prisa a la sala de emergencias del Centro Médico Regional de Nangarhar.
Como parte de su cerebro estaba fuera de su cráneo, el neurocirujano Zamiruddin Khalid tenía pocas esperanzas de que la chica sobreviviera. “La llevamos al quirófano; ya había perdido mucha sangre. Sus heridas eran horribles y su cerebro estaba afectado… pensamos que no sobreviviría”, dice Khalid mientras nos muestra unas fotografías que tomó de las heridas de Gul antes de que las suturara. En una foto, su rostro parece un trozo de carne.
Khalid dijo: “Estamos muy agradecidos con Dios todopoderoso porque Gul Meena está viva. Realmente es un milagro”.
Sin embargo, los problemas de Gul no habían terminado. Aunque estaba recibiendo el tratamiento que le salvaría la vida en el hospital, no tenía quién la cuidara afuera. La familia de Gul la había repudiado y a pesar de que el gobierno y las autoridades sabían que estaba viva y la estaban cuidando en el hospital, no querían saber nada de ella a causa del estigma y las circunstancias en las que ocurrió su ataque.
Gul permaneció durante dos meses en el hospital gracias a la generosidad de los médicos que donaron el dinero para pagar sus medicinas. Finalmente, la organización afgano-estadounidense Mujeres a favor de las Mujeres Afganas se enteraró de su situación y la alojaron en un refugio en Kabul en donde le dieron el amor y los cuidados que necesitaba desesperadamente.
“Cuando llegó con nosotros no podía hablar ni caminar, apenas estaba consciente… no podía alimentarse por sí misma. Tenía que usar pañal. Si no la hubiéramos traído en ese momento, no habría sobrevivido”, dice Manizha Naderi, directora ejecutiva de Mujeres a favor de las Mujeres Afganas.
Gul Meena es una de las miles de mujeres que viven en refugios a lo largo de Afganistán, muchas de ellas son víctimas de intentos de asesinato por honor. Trágicamente, esta práctica aún existe en muchas culturas, como en ciertas tribus de Afganistán y Pakistán.
Miles de casos
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, expresó recientemente su preocupación por el incremento del 20% en las muertes civiles entre mujeres y niñas en Afganistán durante 2012. Moon declaró: “Estoy profundamente consternado de que a pesar de que se han mejorado los procesos en casos de violencia, sigue habiendo un clima de impunidad en Afganistán cuando se trata de abusos contra mujeres y niñas”.
Naciones Unidas afirma que entre 2010 y 2012 se reportaron 4,000 casos de violencia contra mujeres y niñas ante el Ministerio para las Mujeres de Afganistán. Aunque hay 14 albergues para mujeres en el país, todos reciben financiamiento de la comunidad internacional y existe la preocupación de que una vez que las fuerzas internacionales se retiren a finales de 2014, este financiamiento se esfume. ¿Qué implicaría eso para las miles de mujeres iletradas, analfabetas y desamparadas que dependen de sus servicios, como Gul Meena?
Naderi dice: “Si la enviamos con su familia, la matarán. Ella está muerta para su familia. Ese es el problema con todas nuestras mujeres. Es una época aterradora para Afganistán, en especial para las mujeres afganas y en particular para las mujeres que viven en nuestros refugios porque no sabemos qué va a pasar. Si se van de aquí, la mayoría de ellas morirá”.
Gul Meena no piensa en el futuro. De hecho, desearía haber muerto el día que la atacaron. “He tratado de suicidarme muchas veces desde que llegué al refugio, pero no me lo permiten. Cuando me veo en el espejo, oculto un lado de mi rostro con la mano. La gente me dice que no lo haga, pero me siento muy avergonzada”.

martes, 17 de julio de 2012

Los refugiados de Dadaab, bajo la mirada del Premio Nacional de Fotoperiodismo (via ElMundo.es)












Daniel Pozo ha ganado el Premio Nacional de Fotoperiodismo 2012por una fotografía tomada en el hospital de MSF en Dagahaley. La imagen muestra a Libean Mukpar, un refugiado somalí de 8 años y menos de 15 kilos de peso.
El fotógrafo ha centrado su trabajo en este campo de refugiados de Dadaab, en Kenia. Cuenta en la actualidad con 465.334 habitantes (100.000 más que hace un año por estas fechas). Siguen teniendo el triste honor de ser el conjunto de campos de refugiados más grande del mundo.
Más de 20 años de violencia en Somalia y las penurias causadas por el colapso social y económico, han contribuido a que las vidas de centenares de miles de somalíes sean imposibles en el interior de su país.
Sin divisarse el final del conflicto en un futuro próximo, el número de refugiados que huyen hacia Kenia y hacia otros países del Cuerno de África sigue creciendo. Su número ronda ya el millón de personas.

Nuevos desplazados

Médicos Sin Fronteras (MSF), que ha trabajado allí desde 1992 hasta 2004, y desde 2009 hasta la actualidad, constató a principios de 2011 la preocupante situación sanitaria y nutricional de los nuevos refugiados que estaban llegando.
Las decenas de miles de personas que se asentaban durante aquellos días en las afueras de los campos sufrían unas condiciones de vida inhumanas. Además, presentaban tasas de desnutrición que lindaban el umbral de emergencia. Esto llevó a la organización a denunciar públicamente y en repetidas ocasiones su situación.
Durante los siguientes seis meses, el número de llegadas a los campos se desbordó a causa de la acuciante sequía que azotaba la región. Lastasas de desnutrición se duplicaron, y en junio de 2011 una quinta parte de los niños menores de 5 años presentaban desnutrición aguda.
MSF respondió a la emergencia duplicando el tamaño de su hospital en el campo de Dagahaley. Habilitó un nuevo centro de nutrición terapéutica intensiva de 200 camas y construyó nuevos puestos de salud en otros campos.
Los meses de agosto y septiembre, como resultado de las actividades de incidencia pública y de la atención mediática sobre Dadaab, las extremas condiciones de vida de los refugiados empezaron a mejorar.
Hubo una respuesta positiva tanto por parte de la comunidad internacional como de las organizaciones de ayuda. Ambas aumentaron su asistencia a las personas que vivían en los campos y a las asentadas en la periferia de los mismos.

La situación empeora

Sin embargo, desde octubre de 2011, la situación ha vuelto a empeorar drásticamente por el deterioro del contexto de seguridad en la zona. La ayuda humanitaria comenzó a disminuir y el registro de nuevas llegadas se interrumpió temporalmente.
Hoy, el volumen de actividades en el hospital de MSF en el campo de Dagahaley sigue siendo muy alto, con cerca de 10.000 consultas, 1.000 hospitalizaciones y 250 partos atendidos cada mes. Hay más de 2.400 niños con desnutrición severa registrados en el programa nutricional. Uno de cada 12 niños la padece.
Los refugiados que viven en Dadaab necesitan protección y atención mientras dure su estancia en los campos. Cientos de miles de refugiados dependen del sistema de ayuda y de los gobiernos anfitriones para asegurar que sus derechos humanos sean respetados.

jueves, 16 de junio de 2011

Japón usará los escombros de la catástrofe para generar energía (Excelsior)

El gobierno japonés planea construir centrales eléctricas que funcionen mediante la quema de madera procedente de los escombros dejados por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo, informó hoy el diario económico "Nikkei".

De esta forma, el gobierno solucionaría dos problemas al mismo tiempo, eliminando las montañas de escombros de la catástrofe y evitando un cuello de botella en el suministro eléctrico. Con ese objetivo se construirán cinco instalaciones de quema de madera en la zona destruida por el sismo y tsunami, incluidas las provincias de Iwate y Miyagi.

Cada una de esas centrales produciría, según el diario, suficiente electricidad para 3 mil hogares. Las viviendas japonesas, sobre todo en la región rural, son construcciones de madera. Según calcula el gobierno, el sismo y tsunami dejaron entre 20 y 30 millones de toneladas de escombros, de los que cinco millones son madera.

Y cuando se acabe la madera de esas construcciones dañadas, las centrales se alimentarán de restos de la explotación de los bosques. Los costes serán algo más altos que en la generación de energía solar y eólica, por lo que el gobierno subvencionará las instalaciones. Y es que el país podría verse enfrentado a la falta de suministro energético en verano si varias centrales nucleares son desconectadas para las inspecciones rutinarias. Además, muchas comunidades cercanas a centrales nucleares exigen medidas de seguridad adicionales antes de reactivar las mismas.
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