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jueves, 16 de junio de 2011

Chilangueando (Jacobo García.. ElMundo.es)

EL TAXISTA Y EL ROBO DEL ENANO
 Tengo la manía de confesar a los taxistas antes de que ellos empiecen conmigo.

En el primer Nissan Tsuru vacío que pasó por delante, decir “al Zócalo” es como enseñar el pasaporte a un agente aduanal que te mira por el retrovisor como si fueras el negro de Banyoles. El acento es una fuente inagotable de conversaciones. Con el acento se sabe de dónde vienes, que piensas, cuanto ganas, que barrio prefieres o si te gusta el fútbol. Y si no lo sabes lo imaginas. Nunca algo tan etéreo dio paso a tanta elucubración. Bueno, sí.

Así que sentado en la parte trasera de un horno de cuatro puertas, atascado en el epicentro del humo y del asfalto y con Jenni Rivera sonando en La Buena Onda, se agradece que las preguntas se vuelvan menos terrenales que las del aeropuerto: “¿Cuánto tiempo va a quedarse?, ¿en qué hotel se hospedará?, ¿cuánto dinero trae encima?. Abra la maleta”. Y se centren en lo importante; ¿anda de paseo? ¿le gusta el país? ¿qué platillo prefiere? ¿ha visitado Querétaro?, ¿qué piensa de las viejas?.

El Distrito Federal es de los pocos lugares donde la pregunta ¿por dónde le llevo? nunca encierra trampa. Humildad para una ciudad con hormonas de país, que tiene 9 millones de habitantes, 30 especies distintas de árboles, 1’6 ratas por habitante, más de diez lenguas indígenas y 1.215 calles con el nombre de Morelos, 1.318 de Juárez y 207 llamadas Revolución, diría Villoro.

Los periodistas desprecian a los colegas que escriben su primera crónica en suelo ajeno reproduciendo la conversación con el taxista que lo lleva al hotel. Pero lo cierto es que a ningún médico se le ocurriría empezar a operar sin hacer antes un análisis de sangre. Y ellos son los glóbulos rojos que transitan por la venas de una ciudad que se colapsaría sin sus vasos comunicantes. Capaz de llegar a la región más remota del cuerpo, donde ni metro ni combis alcanzarían jamás.

Así que ¿quién puede hablar con la misma soltura sobre la delincuencia o los hoteles para coger por horas ?. Sobre el metrobús, la corrupción, el pinche gobierno o los moteles que incluyen jacuzzi y toallas con forma de patos besándose sobre la colcha por 350 pesos (20€). hace usted aquí?. ¿Regusto aristotélico o curiosidad por los motivos que te llevan a amar a tu verdugo, con semejante acento. Contraataco: ¿cuál es el robo más raro que ha sufrido?. Y como Rafael Montes es de Neza y no de Cuntis (provincia de Pontevedra) entra al trapo y sin rodeos.

Habla de dos robos a punta de pistola, de otro en el que el ladrón tiró las llaves a un lote baldío y se pasó toda la noche hurgando entre la arena, o de día que él le hizo frente con un destornillador. Pero sobretodos ellos destaca uno; el día que le atracó un enano.

Era Navidad cuando una señora levantó la mano y le marcó el alto en la colonia Buenos Aires. La señora que paró su taxi tenía unos 40 años y cargaba en los brazos un bebe que llevaba protegido del frío con una manta. “A Camarones, por favor”. Apenas Iban 15 pesos de carrera cuando Rafaél miró por última vez el retrovisor y vio a la madre cubriendo el rostro del niño para que no le enfriara el aire de la ventanilla. El Tsuru avanzó por Felipe Ángeles y esquivó un camión en doble fila cuando de repente, el bebe dejó de ser un tierno lactante, pegó un saltó y en un abrir y cerrar de ojos se colocó de pie en el asiento del copiloto. En un nanosegundo, el dulce niño se había convertido en un señor arrugado de menos de medio de altura, que le posaba un cuchillo de dos palmos sobre el costado, mientras le vaciaban los bolsillos por detrás. Aquel muñegote con cuerpo de bebe y voz de legionario se llevó toda la recaudación, en el tiempo que tarda un semáforo en cambiar de color.

Hoy el robo es legal y cuesta 300 pesos. Es el precio que hay que pagar al ayuntamiento por renovar por enésima vez el permiso de circulación (tarjetón). Pero esa otra historia. La que Historia, que se escribe con mayúsculas sale por la radio y dice que volcán Popocateptl expulsó fumarolas, que el huracán Adrián tocó tierra y que diariamente hay 5 pequeños terremotos en México. Así que, sobre la placa tectónica más activa, vayamos a lo importante: ¿Cuál es su platillo favorito?, ¿ha visitado Querétaro?, ¿qué le parecen las viejas?. 

miércoles, 15 de junio de 2011

PUTAS (por Por Viétnika Batres) emeequis

Sobre la marcha del fin de semana: 

Todas somos putas. O ninguna: La que se pone minifalda. La que se deja ver el ombligo. La que se quita el velo. La que se pinta los labios, los ojos. La que no se pinta pero mira –aun sin querer— al varón que pasa a su lado. La que disfruta del sexo. La que no, pero hace disfrutar a su pareja. La que avanza en el terreno profesional porque seguro se acuesta con alguien. La que se hace un aborto. La que tiene cinco hijos. La que tiene muchos amigos varones. La que es violada y la acusan de que “lo provocó”. La que sale de noche o sola. La que se pone implante de senos. La que presume un escote aun teniendo senos pequeños. La que cruza la pierna. La que besa bien al saludar (he escuchado eso, créanlo). La que es bonita y la que es fea. La que sonríe tímidamente. La que se se ríe y enseña los dientes.

Pedí a varias mujeres, a quienes aprecio mucho, que me contaran si alguna vez les habían llamado putas. Pongo parte de sus respuestas, pues no caben todas. Y les agradezco, por supuesto, la confianza.

Tania: Un “maestro” de taller literario se declaró enamorado de mí; yo le dije que no era correspondido. Entonces tuvo a bien decirme que yo era una “seductora” y que yo era la culpable de lo que él sentía. Le contesté que eso era como decir que una chica violada había provocado el ataque por traer minifalda… Él consideraba su derecho acosarme, porque yo era “seductora”. Esa vez fue peor que si me hubiera dicho puta.

Sandra: Nunca me lo dijeron en la cara, y siempre fueron mujeres.

Flor: Pues la primera vez, en un pleito muy feo con un ex, como insulto a él, no a la madre, le dije que era un hijo de puta. Él la tomó literal y me respondió que porqué insultaba a su mamá (nótese el arte de salirse por la tangente del fino señor), que la puta era yo. De la segunda vez no tengo queja alguna, al contrario, pues me lo dijeron en la cama de la forma más halagadora que alguien te lo pueda decir.

Edna: ¿“Putilla” cuenta? ¡Jajajaja! Ya sabes, la típica recomendación de las abuelas, madres y tías: “No vayas a andar de putilla por ahí”.

Camila: Hace como seis meses me topé en el Metro con dos chicos que platicaban acerca de cuál es el país con las mujeres más guapas en el mundo. Uno decía que Estados Unidos porque las gringas están “bien buenotas y son fáciles” y el otro (un ser mucho más respetable) defendía la “sutil belleza” de las europeas del Este. Al llegar a la última estación, Universidad, subí al mismo tiempo que ellos las escaleras para la salida. Alcancé a escuchar al amante de las rubias norteamericanas decirle a su compinche, mientras me señalaba: “Mira, ésa seguro es puta de Europa del Este. ¡Qué asco!”, a lo que yo respondí con la voz más firme y segura que pude: “Pues lamento decirte que ni puta ni europea. ¡Mexicana y hablo español!”.
 
Lilian: Yo tenía como 12 o 13 años y en mi escuela nos dejaban ir con ropa de calle un viernes al mes. Un día de ésos yo llevé a una fiesta una blusa con la que se me veía el ombligo (sí, muy noventa, haha), sumado ello a que era la única de mis amigas que ya tenía boobs, y un matado del salón dijo ahí que yo era una “pinche puta”. Pfff.

Eileen: Una mujer me dijo “pinche vieja puuuutaaaaaa” porque se enteró de que yo le gustaba a su ex novio, y de paso ahí me enteré yo. Resulta que la calidad de puta no la ejerce la codiciada, sino que la otorga el que codicia.

Yamina: Pues puta, lo que se dice puta, no me han dicho, al menos en la cara, jajaja. Un tipo con el que salí, poquísimo tiempo, me dijo que debía tener cuidado con mi obra y evitar hacer autoretratos desnuda porque los hombres podían llamarme puta.

Gabriela: Pues a mí no me lo dijeron, me lo escribieron. Y fue una experiencia bastante traumática, porque no la pude compartir sino hasta que fui adulta, en terapia. Estaba en la secundaria. Teníamos unos pupitres muy lindos de madera, de los que abres la tapa y guardas tus libros allí. Pues abrí la tapa y me econtré la bonita leyenda “eres una puta”. Del susto pasé a la vergüenza: no le conté a nadie. Me dediqué a borrarlo en el descanso… Parece que fue una niña que no me quería porque yo, amiguera como siempre, me llevaba muy bien con el niño que le gustaba. No saben lo liberador que fue hablarlo en terapia.

Alina: Un ex, cuando lo troné, me dijo que claro, seguro andaba de putita con otro cabrón (siempre tiene que haber otro para que los truenes, nunca es por ellos).


Rocío: A mí no me lo han dicho en tono ofensivo, sólo en la intimidad, o como para decirte cabronzuela: qué hija de puta que eres. A menos que haya sido un momento violento o traumático, la palabra puta pierde todo sentido, ni la registra uno en la memoria. Y se dice más por envidias, por pasiones o porque eres libre.

Elia: A todas nos han dicho putas en algún momento, de frente o a nuestras espaldas, porque no tiene qué ver con el ejercicio de la sexualidad o la relación que estableces con los hombres, sino con la intención de colocarte en el nivel último de la escala de valores que nos han asignado a las mujeres y que nosotras hemos admitido. A todas nos incomoda la palabra puta porque lleva implícita la degradación de tu calidad como persona: no somos valiosas por lo que somos sino por lo que otros dicen que debemos valer, es decir, por el uso que otros hacen de nosotras. Puta es aquella que se deja hacer, aunque la mayoría de las veces te lo dicen precisamente porque no te dejas hacer. “Pinche vieja puta”: la frase la he escuchado infinidad de veces y en referencia a las mujeres que otros —mujeres y hombres— consideran cabronas, es decir, mujeres que deciden, que patalean, que se defienden y se encaran. Las putas ya no son las que se van a la cama porque sí, al parecer ese derecho ya lo ganamos porque, de paso, el otro también disfruta de esta disposición al sexo sin tanto preámbulo. No, ahora puta es la que “se vende” caro en el entorno social. Un cambio semántico que intenta seguir rebajando la calidad de mujer, pero ahora fuera de la cama… Creo…
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