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miércoles, 13 de junio de 2012

5 misterios más allá de la ciencia (via Quo)


Desde el origen de la vida, los rayos cósmicos y señales extraterrestres.

Bienvenidos a la nave del verdadero misterio.
1. ¿De dónde surgió tanta vida?
Cámbrico: la explosión que cambió el mundo. Imagina un océano sin más sonido que las olas. Un continente entero de roca pelada, de charcos con precipitaciones químicas, de sol inclemente, lluvia y rayos, de volcanes y avalanchas, de ríos completamente cristalinos, de erosión y deposición sin límite. Imagina una atmósfera asfixiante compuesta de nitrógeno y gases reductores: un planeta dominado por las puras fuerzas de la geología y la química. Estás imaginando la Tierra hace 4 mil millones de años, poco después de su formación. Fue entonces cuando la vida surgió. En rocas de hace 3 mil 800 millones de años aparecen restos, pistas de que ya por entonces había seres vivos: algas, bacterias, seres unicelulares y anaerobios que empezaron a colonizar y a cambiar los mares y las tierras.

Durante más de mil millones de años, aquellos seres se reprodujeron y evolucionaron; hace 2 mil 700 millones de años ya eran capaces de formar tapices bacterianos como los que conocemos hoy y que crearon  fósiles característicos llamados estromatolitos. Hace 2 mil 400 millones de años, la contaminación que provocaron causó la mayor extinción de la historia de la vida y cambió el planeta para siempre.
Aquellos seres vivos eran capaces de realizar la fotosíntesis, y su tóxico producto de desecho (el oxígenoenvenenó para siempre la atmósfera. Murieron muchos, incapaces de enfrentarse a un elemento tan reactivo. Pero otros se adaptaron y la vida siguió.
A lo largo del 87% de la edad de la Tierra, aquí solo hubo roca, agua y, en los bordes, algo de moco. Pero hace 540 millones de años, algo ocurrió; y no sabemos qué. Después de esa frontera apareció de repente una increíble variedad de animales y plantas, una cornucopia de vida en la que podemos reconocer los ancestros de los seres vivos que hoy habitan la Tierra, y también formas extrañas, experimentos biológicos que no sobrevivieron al implacable filtro de la selección natural. Hace 540 millones de años se produjo una explosión de diversidad biológica que llamamos la explosión cámbrica.
2. Árboles parlantes, algo así como los Ents
Se avisan entre ellos de un peligro inminente, pero no sabemos cómo. El químico y zoólogo estadounidense Davey Rhoades infectó un grupo de sauces con orugas tóxicas. El efecto de esta oruga es que el árbol se proteja de una posible plaga para lo que cambia la composición química de sus hojas elevando el nivel de ácido clorogénico, de modo que a las orugas les resulte tóxico y mueran.

Lo raro llegó después, cuando Rhoades comprobó que un grupo de sauces cercanos, que no había sido infectado por las indeseables orugas, también elevó su nivel de ácido clorogénico en las hojas, en respuesta a un posible e inminente ataque. Pese a que aún no se sabe si la comunicación fue activa (disparada por el ataque de las orugas) o pasiva (percibida de algún modo por los sauces no infectados), los expertos aseguran que hubo algún tipo de comunicación entre los sauces del bosque. Un lenguaje silencioso para el oído humano.
3. La señal extraterrestre

El 15 de agosto de 1977 a las 23:16 horas, el radiotelescopio Big Ear, ubicado en Estados Unidos, recibió una señal de radio de origen desconocido durante 72 segundos. Llegaba desde la constelación de Sagitario, a 10 mil años luz, y alcanzó una intensidad 30 veces superior al nivel de ruido residual de un sistema cuando no se mide nada.

La señal se conoció a partir de ese momento como “Wow” debido a un apunte entusiasta de su descubridor. Jerry R. Ehman, profesor de la Universidad Estatal de Ohio, el cual revisaba los registros del día y descubrió la señal anómala  más intensa que se había detectado hasta entonces. Todos los intentos de obtener una señal desde la misma dirección han fallado. Al igual que la búsqueda de una explicación satisfactoria. Habrá que seguir escuchando.
4. Voces en el océano
Suena a algo parecido a “bloop”, y tiene pinta de ser emitido por “algo” vivo. O no. Se trata de uno de los sonidos procedentes de lo más profundo de los océanos, detectado por una red de radares que se construyó durante la Guerra Fría para espiar submarinos soviéticos. Ahora, la Agencia Estadounidense de Investigación Oceanográfica ha publicado una lista de estos “extraños ecos”.
El apodado “bloop” se ha escuchado varias veces en el Pacífico. Otro de los ecos que más intriga suena algo así como “upsweep”, aparece y desaparece con las estaciones, y su origen está en una zona del fondo del Pacífico que muestra actividad volcánica, pero se desconoce qué lo crea. ¿Alguna forma de vida?
5. Rayos contra la Tierra
Desde todo el Universo, rayos cósmicos caen a velocidades increíbles sobre nosotros y nos atraviesan. Son rayos formados en su mayor parte por partículas cargadas eléctricamente: los protones. Estos se cuentan entre las partículas con más energía de todo el universo.
Han llegado hasta nosotros tras un viaje de hasta 800 años luz. Desde hace un siglo, los científicos intentan descubrir su origen, y la pregunta más frecuente y que parece mejor guiada a dar una respuesta es: ¿qué tipo de fuentes cósmicas pueden emitir partículas de tanta energía? Los candidatos a alzarse con el título son las explosiones de supernovas, los púlsares y el núcleo de la galaxia, que podría contener un agujero negro.

jueves, 24 de mayo de 2012

9 enfermedades raras (via Muy Interesante)


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Se denomina enfermedades raras a aquellas que afectan a un número limitado de personas con respecto a la población general, a menos de uno de cada 2.000. Sin embargo, a mayoría de estas enfermedades son aún menos frecuentes, afectando a una de cada 100.000 personas. Se estima que hoy existen entre 5.000 y 8.000 enfermedades raras diferentes, que afectan entre el 6% y 8% de la población en total. Hemos seleccionado 9 de ellas además de recopilar muchas otras en este especial:Especial: Enfermedades Raras y Extrañas

Síndrome X-frágil

El síndrome X frágil es una enfermedad genética rara, debida a un defecto hereditario en el cromosoma X. Es la causa conocida más frecuente de retraso mental hereditario y la segunda cromosopatía después del síndrome de Down. Se estima que la frecuencia en España es de 1 por cada 4.000 varones en la población general, una portadora por cada 800 y un portador por cada 5.000 nacidos vivos. Clínicamente cursa con retraso mental de grado variable, aunque suele ser leve con dificultades en el aprendizaje, falta de atención, hiperactividad, con ansiedad y humor inestable o comportamientos autistas.

Síndrome de Moebius

El Síndrome de Moebius es una enfermedad rara del desarrollo. Dos importantes nervios craneales, el 6º y 7, no están totalmente desarrollados en estos pacientes. Estos nervios controlan tanto el parpadeo y movimiento lateral de los ojos, como las múltiples expresiones de la cara, por lo que causa parálisis facial y falta de movimiento en los ojos. La falta de expresión facial puede acompañarse de babeo, dificultades en el habla y problemas de pronunciación.

Esclerosis Lateral Amiotrófica

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad neurodegenerativa que causa una pérdida progresiva de las neuronas motoras. La prevalencia de la enfermedad es de 5 a 9 por cada 100.000 sujetos. La edad de aparición de la enfermedad varía ampliamente, pero el pico de incidencia se sitúa entre los 40 y los 60 años. En aproximadamente dos terceras partes de los pacientes de ELA se empieza con debilidad y deterioro muscular de miembros asimétrica. La enfermedad es implacablemente progresiva, con discapacidad y minusvalía en aumento, conduciendo generalmente a la muerte como consecuencia de insuficiencia respiratoria en un plazo de 3 a 5 años aproximadamente. 

Síndrome de Prader Willi

El Síndrome de Prader Willi es una enfermedad rara del desarrollo embrionario. Fue descrito por primera vez, en 1887, por Langdon Down, y se estima una frecuencia de 1 por cada 25.000 nacidos vivos. Una descripción literaria muy detallada del mismo se puede leer en la novela de Charles Dickens titulada "Los papeles de Mr. Pickwick”. Clínicamente se caracteriza por obesidadhipotonía (tono anormalmente disminuido del músculo), retraso mental hipogenitalismo (menor desarrollo o actividad genital).

La púrpura de Schönlein-Henoch

La púrpura de Schönlein-Henoch (PSH) es una enfermedad caracterizada por la inflamación de los capilares, es decir, los vasos sanguíneos pequeños. Generalmente afecta a los capilares de la piel, el intestino y los riñones. La sangre se puede escapar de los vasos sanguíneos inflamados de la piel, produciendo una erupción de color rojo oscuro o violáceo que se llama púrpura. Puede ocurrir lo mismo en el intestino o en los riñones, por lo que se puede eliminar sangre en las heces o en la orina (hematuria).

Progeria de Hutchinson-Gilford

La progeria de Hutchinson-Gilford es un síndrome extremadamente raro caracterizado por unenvejecimiento prematuro de inicio postnatal. Las características clínicas y radiológicas principales incluyen alopecia, piel fina, ausencia de grasa subcutánea, rigidez articular y osteolisis. La inteligencia no está afectada. La muerte prematura se produce por arterioesclerosis o enfermedad cerebro-vascular.

Síndrome de Marfan

El síndrome de Marfan es una enfermedad hereditaria rara del tejido conjuntivo que sobre todo afecta al esqueleto, los pulmones, los ojos, el corazón y los vasos sanguíneos. Clínicamente se caracteriza por talla superior a la media, envergadura que supera a la altura y malformaciones óseasque incluyen aracnodactilia (dedos desproporcionadamente largos y delgados), pectus carinatum (pecho hacia afuera) o pectus excavatum (esternón desplazado hacia dentro). Se acompaña dehiperextensibilidad de las articulaciones, rodillas y piernas curvadas hacia atrás, pies planos,cifoescoliosis (combinación de cifosis, curvatura anormal en sentido antero posterior de la columna vertebral y escoliosis, curvatura anormal en sentido lateral) y grasa subcutánea escasa. Puede acompañarse de miopía aguda y suele afectar a las arterias y al corazón.

Insensibilidad Congénita al Dolor

La Insensibilidad Congénita al Dolor (CIP) es un desorden genético que afecta al sistema nervioso autónomo, que es el que controla la presión sanguínea, el ritmo cardíaco, el sudor, el sistema sensorial nervioso y la habilidad para sentir el dolor y la temperatura. Los pacientes que la padecen interpretan de forma anormal los estímulos dolorosos. Como consecuencia, corren el riesgo de sufrir lesiones (traumatismos, fracturas, luxaciones, quemaduras...) y morir más jóvenes. Deben estar bajo supervisión en edades tempranas para que no se autolesionen involuntariamente, por ejemplo mordiéndose la lengua.

Síndrome de Gilles de la Tourette

El Síndrome de Gilles de la Tourette, también llamado "enfermedad de los tics", es una patología rara del sistema nervioso. Se caracteriza por tics consistentes en movimientos rápidos, repetitivos e involuntarios de un grupo de músculos esqueléticos relacionados funcionalmente, carentes de finalidad como acto motor, o bien en una producción involuntaria de ruidos (gruñidos, aspiración de aire por la nariz, tos) y palabras.

¿Qué beneficios tiene tomar zumo de naranja? (via Muy Interesante)

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Según un estudio publicado en la revista Clinical Journal of the American Society of Nephrology, unzumo de naranja al día previene la formación de piedras en el riñón gracias a su contenido en citratos. 

Además, los cítricos como la naranja y el pomelo contienen sustancias flavonoides, concretamente hesperidina, que reducen el riesgo de infarto hasta un 19%, de acuerdo con una investigación realizada en la Universidad East Anglia (Reino Unido). Estas mismas sustancias también pueden disminuir la presión arterial y prevenir los problemas cardiovasculares. Además, otro estudio dado a conocer en la revista Nutrition Researchsugiere que el zumo natural de naranja concentrado reduce los niveles de colesterol “malo” (LDL). 

A esto se suma un estudio de la empresa Florida Orange Juice, en colaboración con el investigador Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de California, que sugiere que beber zumo de naranja al comienzo de la mañana nos hace sentir de mejor humor y llenos de energía durante el día.

Por sms somos más sinceros (via Muy Interesante)



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Aunque se podría esperar lo contrario, las personas somos más propensas a decir la verdad y a revelar información delicada a través de los mensajes de texto que en conversaciones con voz, según sugiere un estudio de la Universidad de Michigan (EEUU).

La telefonía móvil ha revolucionado nuestra forma de comunicarnos. Mientras que hace 20 años las conversaciones telefónicas eran muy frecuentes, ahora la comunicación por texto ha desplazado a las llamadas, siendo el envío de sms una práctica muy frecuente en todos los grupos de edad, especialmente entre los más jóvenes. ¿Cómo afecta este cambio al contenido de nuestros mensajes? Los resultados de este trabajo, que serán presentados en la reunión anual de la Asociación Estadounidense de Investigación de la Opinión Pública, indican que, cuando transmitimos información por mensaje de texto, somos mucho más sinceros. 

"Este hallazgo es una sorpresa, ya que mucha gente pensaba que el envío de mensajes de texto disminuiría las probabilidades de revelar información delicada, ya que esta queda almacenada en la nube o en el teléfono, y puede ser vista por otras personas", indica Fred Conrad, uno de los autores. Los investigadores concluyen que, cuando las personas escriben un mensaje, pueden tardar un poco más en responder que cuando la conversación es por voz y, al tener más tiempo para pensar lo que se quiere decir, se llegan a respuestas más precisas y sinceras.

En el estudio participaron unos 600 usuarios de iPhone que respondieron a una encuesta a través tanto de texto como de voz con cuestiones sobre la cantidad de ejercicio semanal o la cantidad de alcohol consumida en el último mes. Las respuestas a través de sms eran mucho más precisas y ofrecían datos numéricos, mientras que en las entrevistas de voz las explicaciones eran mucho más vagas.


lunes, 5 de marzo de 2012

La NASA monitorea asteroide con posibilidad de impacto con la Tierra (Milenio)



Se sabe que en febrero de 2023 el asteroide ‘2011 AG5’ pasará a no menos de 1.6 millones de kilómetros de nuestro planeta. En 2028 lo hará a no menos de 16.7 millones.
El asteroide 2011 AG5 ha captado el interés de los astrónomos desde que fue descubierto el año pasado, pues se trata de un cuerpo celeste de 140 metros de largo que podría chocar con la Tierra dentro de 28 años.
Hasta ahora se dispone de poca información, pues el asteroide se encuentra en una zona de la bóveda celeste en la que no puede ser observado con telescopios situados en la superficie terrestre. Por lo que su órbita aún no se conoce con certeza.
Los expertos del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra, oficina de la NASA coloquialmente conocida como Los guardianes espaciales, consideran que la probabilidad de que la colisión ocurra es baja.
El 2011 AG5 actualmente se encuentra en el nivel 1 en la escala Torino de riesgo de impacto (que comprende valores de 0 a 10). La probabilidad que actualmente se estima es de 1 en 625. Para poner esta cifra en perspectiva se puede comparar con la probabilidad de que una persona muera en un accidente automovilístico (1 en 230) y con la de morir en un accidente de avión (1 en 5 mil).
Sin embargo habrá que esperar hasta septiembre de 2013, cuando se presentará la oportunidad de hacer observaciones adicionales y determinar con mayor precisión la órbita del asteroide. Otras observaciones, todavía mejores, serán posibles hasta 2015.
También se sabe que en febrero de 2023 el asteroide pasará a no menos de 1.6 millones de kilómetros de nuestro planeta. En 2028 lo hará a no menos de 16.7 millones de kilómetros. Son estos acercamientos los que provocarían que el campo gravitacional de la Tierra atraiga al 2011 AG5, de tal forma que el impacto –de ocurrir- se daría en febrero de 2040.

lunes, 13 de febrero de 2012

Un fármaco contra el cáncer consigue curar el alzhéimer en 6 horas (muy interesante)


raton-dos-padresNeurocientíficos de la Escuela de Medicina de la Universidad Case Western Reserve (EE UU) han descubierto que un fármaco llamado bexaroteno, utilizado para tratar el cáncer desde hace una década, es capaz de revertir los daños que se producen en el cerebro debido a la enfermedad de alzhéimer.

El alzhéimer se origina en muchos casos cuando el organismo se muestra incapaz de eliminar del cerebro una proteína beta amiloide, producida de forma natural. En 2008, el neurocientífico Gary Landreth descubrió que el principal portador de colesterol en el cerebro, la apolipoproteína E (ApoE), facilita la destrucción de las proteínas beta-amiloide. Por ello, y dado que el bexaroteno actúa estimulando los receptores retinoides X, Landreth y su equipo decidieron probar este fármaco para aumentar los niveles de la proteína en el cerebro y reducir las placas beta amiloides. El estudio se realizó en ratones y lo "sorprendente", según los autores, ha sido la rapidez con la que el bexaroteno mejoró el déficit de memoria y de comportamiento, consiguiendo revertir la propia enfermedad.

En concreto, seis horas después de la administración de este fármaco, los niveles de beta amiloide se redujeron en un 25 por ciento, y el efecto duró hasta tres días. Un ejemplo de la mejora conductual conseguida sería la mejora del instinto de anidamiento típico de los roedores utilizados en el estudio. Cuando los ratones enfermos de alzhéimer encontraban el material adecuado para la construir en el nido -en este caso, un pañuelo de papel- no hacían nada para crear un espacio para anidar, lo que muestra que habían perdido este instinto. Sin embargo, tan sólo 72 horas después de iniciar el tratamiento con bexaroteno, los ratones volvieron a utilizar el papel para hacer los nidos. Asimismo, el uso de este fármaco también mejoró la capacidad de los ratones para detectar y responder a los olores.

Parece como si el bexaroteno reprogramara las células inmunes del cerebro para "comerse" o fagocitar los depósitos de amiloide, según han explicado con entusiasmo Landreth y su equipo, lo que de momento permite revertir las características patológicas de la enfermedad en ratones. Ahora solo queda comprobar si el efecto es el mismo en seres humanos.

martes, 31 de enero de 2012

UN ENIGMA CEREBRAL ¿Qué es el dolor? (Quo)

Nuestro mundo, todo nuestro universo, toda nuestra realidad, exterior e interior, pasa y depende de un órgano vital. Un órgano que tamiza, filtra, escoge, decide, aprende, prevé, intuye, construye e incluso inventa nuestras sensaciones, nuestras percepciones y nuestras experiencias. Ese órgano es el cerebro, el más perfeccionado y evolucionado instrumento con el que contamos. Es un órgano que recibe datos, procesa información y toma decisiones; el alto mando de esa guerra diaria a la que llamamos vida, el comandante al cargo de lo que vemos, sentimos y experimentamos en cada momento.  Una de sus funciones más importantes es la de interpretar las señales y estímulos que recibe y actuar en consecuencia. En plena era de Internet podríamos comparar al cerebro como un eficiente gestor al mando de toda una serie de redes de datos e información, a partir de las cuales realiza predicciones y toma decisiones.
¿Cómo surge el dolor?
Nos trasladamos hasta Álava para hablar con Arturo GoicoecheaJefe de la Sección de Neurología del Hospital de Santiago en Vitoria y, de camino a su encuentro, tropiezo con uno de los escalones y caigo de bruces al suelo… al instante, mi rodilla golpeada contra el duro pavimento de la calzada, comienza a dolerme intensamente. La rodilla me duele, pero… ¿es ahí donde se produce el dolor? La respuesta es no. Uno de los errores básicos, desbancados actualmente por la ciencia pero aún instalados en la cultura popular, es creer que el dolor se genera en los tejidos donde se ha producido la amenaza o la agresión, como si hubiera unos receptores de dolor desperdigados por todo el cuerpo que segregaran mi dolor en la zona golpeada contra la acera.
En realidad el dolor surge del cerebro. Recibe las señales que le llegan en décimas de segundo, las interpreta y genera el dolor. Volvemos a encontrarnos con la computadora que analiza datos, el gestor que organiza la situación, el alto mando que ordena, que decide sensaciones, percepciones y experiencias.
Saltan las alarmas, pero es el cerebro quien decide si hay actuación. La alarma no decide si es un atraco ni qué hacer contra él… solo es una alarma.
Sistema de nocicepción: saltan las alarmas de nocividad
Fue el neurofisiólogo y premio Nobel en Medicina Sir Charles Scott Sherrington quien acuñó por primera vez el término de “nociceptores”, un concepto fundamental dentro de los mecanismos que llevan al cerebro a producir el dolor. La actividad comienza en los nociceptores que detectan cualquier variación física, térmica, o química capaz de producir destrucción violenta de tejido (necrosis). La alarma comienza a sonar, y el nociceptor envía una señal mediante la médula espinal hasta el cerebro, el órgano que decide, el que produce el dolor. Algo parecido ocurre con nuestro sentido de la vista. Nuestros ojos, a través de los fotorreceptores, no generan la visión, tan solo captan ondas electromagnéticas, recogen la luz, la convierten en información y la envían al cerebro que es quien, con esos datos y la experiencia acumulada, construye la visión, la realidad. El cerebro recoge esos estímulos bioeléctricos y los convierte en el mundo que vemos. Construye dimensiones, proporciones, distancias, colores…
El dolor funciona de manera similar. Al cerebro llegan datos de nocividad, de agresión violenta (presente o futura) y el gestor analiza, prevé, el alto mando decide. El cerebro construye el dolor en base al análisis de los datos que recibe, pero también de la experiencia, del aprendizaje, de la cultura adquirida. Gestiona esas variables y ordena… o ignora.
Golpes, desgarros, incisiones, quemaduras, falta de oxígeno, variaciones extremas de temperatura. Ataques a nuestra integridad que causan necrosis. La necrosis, esa muerte violenta de células, es un peligro para el organismo, en ella la membrana resulta dañada y se vierten moléculas que afectan a células vecinas, convirtiendo el ataque en una reacción en cadena. La necrosis debe ser evitada como sea y los nociceptores son capaces de detectar agentes y situaciones que provocan esa agresión. No generan el dolor, pero alertan de nocividad. Los datos llegan al cerebro que será quien ponga en marcha (o no) los mecanismos defensivos necesarios para hacer frente a esa agresión… inflamación, fiebre, dolor.
El cerebro equivocado
Que el cerebro sea nuestro órgano más evolucionado y perfeccionado no significa de ninguna manera que sea perfecto. La realidad que percibimos es construida a partir de los datos, análisis y decisiones de nuestro cerebro… y no siempre es exacta. Al igual que erramos nuestras percepciones visuales en las ilusiones ópticas, el cerebro puede equivocarse al tomar decisiones y poner en funcionamiento mecanismos de defensa de manera errónea. Pseudopatía es un nuevo término acuñado recientemente que describe la falta de coherencia entre la realidad y lo que se percibe. Nuestro cerebro se equivoca y puede convencerse de que existe una apariencia de salud habiendo enfermedad y viceversa, apariencia de enfermedad sin que exista agresión alguna a nuestro organismo.
Doctor: Tiene usted pseudopatía por omisión (falso negativo). Se encuentra usted bien, su aspecto es saludable y se siente usted sano… pero hemos detectado un cáncer.
Paciente: No puede ser, doctor. Usted se equivoca. Estoy estupendamente.
Y al contrario.
Doctor: Tiene usted pseudopatía por falsa alarma (falso positivo). La alarma no es real, está usted sano, las pruebas no muestran ningún peligro, su cuerpo no tiene nada.
Paciente: No puede ser, doctor. Me duele todo, me duele mucho. Usted se equivoca. Estoy fatal.
En estos casos nuestra idea del gestor eficiente, del analista impecable, del comandante organizado se viene abajo. El cerebro activa programas defensivos sin que exista justificación.Nuestro organismo es una máquina magnífica, la mayor parte de nuestra vida ofrece unas prestaciones inigualables. Sin embargo en ocasiones, nos demuestra que no es infalible, que no es perfecta, que se equivoca y que nos engaña. Una máquina que no siempre funciona como debe. Aprende, realiza y mantiene malos hábitos, actuaciones innecesarias o dañinas, tiene dificultades para predecir, administrar y construir la realidad. Lo sabemos cuando gestiona espacios, dimensiones, ilusiones visuales. El sistema inmunitario es capaz de equivocarse y atacar nuestros propios tejidos en las llamadas “enfermedades autoinmunes”. Vemos espejismos en el desierto. Sufrimos alergias por agentes inofensivos para otros, elementos que no deberían hacer saltar las alarmas.
Y por supuesto, también podemos sentir dolor en situaciones en las que no existe ningún daño. Nuestro gestor analiza mal los datos y activa el dolor, sin que exista justificación. Los misiles se activan, salen disparados de la rampa de lanzamiento sin que haya una amenaza de nocividad. El comandante se equivoca.
 La pesadilla del dolor sin daño
Son conceptos diferentes. Daño y dolor suelen ir unidos pero no tienen por qué estarlo. Existen situaciones en las que nuestro cerebro responde de manera innecesaria, comete errores en el proceso de catalogación de las señales de peligro o amenaza y pone en marcha la máquina sin que exista justificación. Sin embargo hay algo que debemos tener claro: el dolor es real. No existe el dolor imaginario. Tanto si acierta como si se equivoca al procesar la información, el dolor que el cerebro gestiona es siempre el mismo: dolor. Con o sin daño, haya justificación o no, estemos amenazados o no… el dolor existe y es real. El comandante lanza los misiles, y estos son reales, exista o no justificación. Clara Grima es Profesora Titular del área de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla y padece fibromialgia, una de las múltiples expresiones de nuestro cerebro equivocado. Su periplo de consulta en consulta, de especialista en especialista, de doctor en doctor, ha durado ya (y aún dura) más de 10 años. Hasta hace no mucho, situaciones como las que describimos no tenían un hueco en ninguna consulta: migrañas, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica… términos que nos conducen de nuevo al terreno de las pseudopatías. El cuerpo no sufre daño alguno y no obstante el cerebro genera dolor. Clara padece fuertes dolores en sus articulaciones. Sus días son inciertos. Hay momentos en los que no le duele nada y puede hacer una vida normal, y hay días en los que apenas puede levantar el más mínimo peso sin que le duela todo de los pies hasta la cabeza. Periodos en los que se siente terriblemente cansada y apenas puede mover los labios para hablar y etapas en las que todo va bien y desaparecen los dolores, las fatigas… Acude al traumatólogo y tras muchas pruebas, resonancias y radiografías no encuentran nada. Los músculos, las articulaciones, los huesos… todo está correcto, todo funciona bien: no existe daño ni amenaza que justifique la respuesta defensiva del dolor.  Así comienza un peregrinaje que lleva a visitar la consulta de nuevos traumatólogos, psicólogos, neurólogos… comienzan las recetas, los analgésicos, los antiinflamatorios… nada parece funcionar. Sus articulaciones están correctas, todo está en su sitio… ¿todo? No hay daño, pero hay dolor… vuelta al principio: ¿Dónde se genera ese dolor?
El cerebro miedoso
Nuestros programas defensivos tienen dos componentes. Una base genética, heredada y lista para actuar desde que nacemos, y una parte adquirida que aprende a funcionar con el paso del tiempo y la experiencia. En el sistema inmunitario el componente congénito se complementa con los elementos aprendidos a golpe de experiencia propia, del contacto directo con la amenaza y con su posterior reacción. Durante ese aprendizaje nuestro organismo es cauteloso, desconfiado. Activa los mecanismos de defensa ante la más mínima alerta. Nacemos miedosos por instinto y al crecer, experimentamos, valoramos y dosificamos esos miedos, esas alarmas. Aprendemos y recordamos cómo detectar amenazas y las empezamos a diferenciarlas, a catalogarlas, a definir su peligrosidad. Los elementos inofensivos dejan de resultar amenazantes gracias al aprendizaje. Sin embargo, en un cerebro equivocado el aprendizaje puede ir en contra de nosotros. Puede retroalimentarse y alterar la correcta gestión de las señales generando dolor en situaciones innecesarias.
El doctor Goicoechea nos plantea un ejemplo muy gráfico: "Imagina un sistema de alerta en una ciudad que vigila la presencia de gases tóxicos letales... En un momento dado se activa la alarma ante la presencia de humo… suenan las sirenas, se movilizan los efectivos policiales, se evacua a todos los habitantes. Pero pasan unos días y se descubre que no ocurre nada. Se permite la vuelta de los ciudadanos a sus casas, el peligro ha pasado. Imagina ahora que la alarma vuelve a sonar cada cierto tiempo, de manera reiterada y obligando a desplegar nuevamente todo el sistema de evacuación una y otra vez… ¿qué ocurriría? Si el cerebro continúa equivocado y no aprende a evaluar eficazmente las alarmas, los ciudadanos podrían vivir con un temor derivado de cualquier señal amenazante… El miedo a la evacuación de la ciudad podría verse aumentado con el temor ante las propias señales. Los ciudadanos mirarían hacia el cielo y ahora cualquier vapor, cualquier inofensivo humo de una chimenea o incluso cualquier atisbo de niebla en el horizonte darían lugar a que comenzara su angustia."
Nuestro gestor, nuestro comandante se encuentra ahora en una difícil situación. El cerebro equivocado entra en un círculo de cautela innecesaria, de alarma injustificada y se encuentra predispuesto a hacer caso de todos los rumores sobre sucesos peligrosos. Acepta como real, sin apenas escrutinio, cualquier amenaza y pone en funcionamiento los programas de defensa… vuelve el dolor, un dolor cada vez más alimentado por el propio miedo al error.
El cerebro migrañoso
El cerebro es una estructura predictiva, interpretativa, continuamente está construyendo una teoría global sobre lo vivido y lo que se va a vivir a continuación. En esa construcción, el dolor es una de sus muchas predicciones y, como estamos comprobando, en ocasiones no es la acertada. Sentir sed, hambre o cansancio no quiere decir automáticamente que nuestro organismo necesite bebida, alimento o reposo. Con los datos, experiencia y cultura adquirida a lo largo de la vida, el cerebro interpreta la situación y actúa en consecuencia. Cuando a alguien aquejado de jaqueca, migrañas o fibromialgia le duele la cabeza, no existe un daño, una amenaza de nocividad que la justifique. No nos encontramos ante una enfermedad puesto que no hay nada “enfermo”, no hay necrosis, las pruebas dan negativo, en la consulta te dicen que no tienes nada… el dolor no debería estar ahí. Somos víctimas de una obstinación de nuestro cerebro equivocado y temeroso que además crece alimentándose de factores culturales, de malos hábitos adquiridos y del desconocimiento de nuestros propios mecanismos cerebrales.
Sin embargo hay que saber que un cerebro migrañoso no contiene ningún defecto. No le falta ni le sobra nada. Sus redes y circuitos son los mismos que los de un cerebro sin dolor. Lo que ocurre es que actua de manera equivocada. La persona migrañosa posee un cerebro normal que, a pesar de ello, está tomando decisiones erróneas alimentadas en el seno de una cultura y un ambiente alarmista.Conocer cómo funciona nuestro organismo, nuestro cerebro es sin duda un paso, quizá el más importante, para entender por qué sentimos dolor.
“Agradecemos la colaboración del doctor Arturo Goicoechea en este artículo poniendo a nuestra disposición sus ideas sobre el dolor mediante su blog, sus libros y sus explicaciones en la charla. Así mismo, gracias a Juan Ignacio Pérez, Titular de la Cátedra de Cultura Científica en la UPV/EHU y a la matemática Clara Grima por compartir sus experiencias y conocimientos”.
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